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Por Liset Fernández/Radio Cadena Agramonte.

Dicen que el tiempo es el juez más implacable y severo, sin embargo no ha podido opacar la huella imperecedera de quien se convirtiera -con su sombrero alón y amplia sonrisa- en “la imagen del pueblo cubano”.

La figura, la leyenda popular y el legado del Comandante Camilo Cienfuegos transcendieron su momento histórico para renovarse con cada aniversario.


Joven entusiasta de la broma; artífice de la alegría; humilde, ya fuera mozo de limpieza, o Comandante y dirigente popular. Extraordinario combatiente, invicto guerrillero que con el esfuerzo cotidiano se convirtió en un magnífico soldado, y ganó el sobrenombre de Señor de la Vanguardia.

Genuina imagen del Ejército Rebelde, capitán de la Sierra, organizador del citadino movimiento clandestino e impulsor de la invasión de Oriente a Occidente, proeza militar en la que quiso la historia y el destino coincidieran el Titán Antonio Maceo y el Comandante del Pueblo Camilo.

Con solo 27 años dejó un legado inmortal, una presencia viva en el recuerdo y el corazón de cada cubano, al personificar las más sobresalientes cualidades de los habitantes de la mayor isla de Las Antillas, sintetizar lo mejor de la nación caribeña, y representar el prototipo del combatiente revolucionario.

Evocar a Camilo es rememorar la última etapa de la lucha liberadora nacional, es imaginárselo de verde olivo y sombrero, es  contagiarse de optimismo con su amplia sonrisa, es desear que en el pueblo se repliquen sus méritos y virtudes, que se reflejen  en los trabajadores y que surjan dirigentes humildes que continúen la obra revolucionaria.

 



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