Miércoles, 22 de Septiembre de 2021
Radio Cadena Agramonte

Instagram Facebook Twitter Youtube IVOOX

Miércoles, 22 de Septiembre de 2021
Sábado, 02 de Junio de 2012 - 04:00:00 | 1250 | |

Che en la memoria (III)

En este artículo: Minas de Frío, Esteban Leyva, Las Mercedes, Che, Estados Unidos, Batista



Por Jorge Luis Betancourt Herrera/Colaborador de Radio Cadena Agramonte

Cavar trincheras y refugios

Acerca de su estancia en Minas de Frío, Esteban Leyva, entonces un joven de apenas 19 años, relata: “Realizábamos ejercicios de guerra: táctica y estrategia, arme, desarme y tiro, dar la vuelta en el aire y caer fusil en mano”.


Y añade: “En el Alto de Mompié, por Las Mercedes, el Che ordenó construir trincheras y refugios. A pico, sobre la piedra, hicimos trincheras cada cierta cantidad de metros, y una tonga de nidos de ametralladoras y zanjas a las que poníamos horquetas y palos de manera que nos protegieran del bombardeo y ametrallamiento de la aviación del tirano, y  para observar allá abajo, el camino por donde podía acercarse el enemigo.

“Los aviones eran B-26, entregados por el Gobierno de Estados Unidos de Norteamérica a Batista. Sus bombardeos destruyeron bohíos y causaron la muerte de numerosos inocentes.

“Más tarde venía el teniente Rogelio Acevedo (hoy General de División retirado), quien supervisaba nuestra labor, revisaba y orientaba: «Dale un poquito más hondo aquí, o por allá», hasta que esos refugios y trincheras quedaban bien hechos”.  

En su libro “Descamisado” (página 193), Enrique Acevedo corroboraría lo que le ocurrió a Esteban y otros compañeros, cuando un avión del tirano bombardeó esa zona y él fue uno de los que se salpicó con napalm:

“Me encuentro a gente que se restriega. Se encuera. Son reclutas que fueron alcanzados por el napalm, pero sin que por suerte se les prendiera en los cuerpos. La espoleta no explotó. Si lo hubiera hecho se hubiera formado una bola roja de fuego que se esparce por el suelo, seguida por un humo negro, de olor empalagoso.” (Fin de la cita)

“Cuando años más tarde conté esto a mis colegas del Hospital Provincial Manuel Ascunce Doménech, de Camagüey –refiere Esteban-, no me creyeron y dijeron era un mentiroso”.

La entrega de armas

A fines de mayo de 1958 el Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, envió armas a Minas de Frío para enfrentar la cercana ofensiva de la soldadesca de la tiranía. Eran dos o tres M-1, una Johnson y varios Garand. El Che indicó que las entregaría a los primeros graduados. Esteban se puso en primera fila.

“Cuando me vio –rememora Esteban-, preguntó: «¿Y usted qué hace ahí?»
“Contesté que había sido de los mejores reclutas durante el curso. Me miró fijo, silencioso, y respondió: «Pues ahora los últimos serán los primeros…» Y me quedé sin arma.
«¡Coge la yegua preñá!», decían los demás compañeros, refiriéndose a la Johnson, porque tiene la barrigona esa (hoy se exhibe en el Museo de la Revolución)  Pero el Che dijo: «!No va a coger nada!» ¿Pero por qué? Indagué. «!Porque tengo otra sorpresa para ti!»

Granadero

“Días más tarde llamó: «Ven, que te voy a enseñar a manejar granadas».  Mostró una falsa, de madera. Explicó cómo debía lanzarla cuando los guardias se acercaran. Y luego indicó que yo, en vez de granadas, utilizaría laticas con TNT (dinamita) dentro.

Estos y otros armamentos se confeccionaban en improvisados talleres en la Sierra Maestra, con restos de bombas enemigas que no explotaban… como el llamado “Sputnik”.

En “Interludio” (página 386 de la recopilación de sus relatos por Casa de Las Américas), el Che reconocía que: “…dichas cargas de TNT y otras parecidas estallaban en sus fundas de leche condensada, produciendo solamente mucho ruido”.

Después de mostrarle a Esteban lo que debía hacer, le entregó dos laticas de esas de puré de tomate vacías, rellenadas con TNT.  Y, aparte, fulminantes  chiquitos –para poner uno por recipiente-, dos cigarros y una caja de fósforos, que introdujo en un nailon, para evitar que se mojaran o humedecieran… 

“¡Fíjate, que no se pierda ni un cigarro, ni se moje, los fósforos tampoco!”, precisó.
“Tú esperas a que los guardias estén a unos diez metros de distancia…” 
Esteban no pudo aguantarse y exclamó: “¡A diez metros!”, pensando que era una locura, prácticamente un suicidio

“¡Sí, es arriesgado, pero estarás oculto. Enciendes cuando estén más o menos a esa distancia, se lo pegas al fulminante o mecha, y les lanzas la latica!” Quiso calmarme un poco: “Estarás ahí emboscado con nuestra gente y así, cuando vengan los guardias, tendrás un arma, ¡ves!”.

“Me quedé callado y me fui, pero por la noche pensaba. ¿A quién se le ocurre en un combate, prender un cigarro, pegárselo a una mechita que casi no se ve en medio de una ínfima lata de puré, y tirársela a un tipo que viene avanzando con un arma automática, listo para disparar?

“Entonces, aunque inconforme, andaba de un lado para otro con mis dos laticas, los fulminantes y los diez cigarros. Y el Che, cada vez que me veía, me llamaba
«!Ven acá, déjame ver los cigarros!»
 
“Después de revisar y comprobar que nada faltaba, me lo devolvía…”  Y esto lo hacía pese a Esteban decirle que no fumaba, ni le interesaba hacerlo, y todo lo cuidaba. Trataba de hacerle entender que no le revisara más, pero cuando volvía a verlo: «!Oye, dónde están las dos laticas y los cigarros!»

“Me tenía muy jodido con tanta «revisadera». Y yo le tenía terror a las laticas (aparte del miedo a que me dieran un tiro, ser herido, o que me mataran)”, confiesa. ”Entonces me miraba inquisitivamente, quizás pensando que era cobarde, y enfatizaba: «!Esa es tu arma!»

Normal 0 21 false false false MicrosoftInternetExplorer4

Che en la memoria (III)

Por Jorge Luis Betancourt Herrera/Colaborador de Radio Cadena Agramonte


Cavar trincheras y refugios


Acerca de su estancia en Minas de Frío, Esteban Leyva, entonces un joven de apenas 19 años, relata: “Realizábamos ejercicios de guerra: táctica y estrategia, arme, desarme y tiro, dar la vuelta en el aire y caer fusil en mano”.


Y añade: “En el Alto de Mompié, por Las Mercedes, el Che ordenó construir trincheras y refugios. A pico, sobre la piedra, hicimos trincheras cada cierta cantidad de metros, y una tonga de nidos de ametralladoras y zanjas a las que poníamos horquetas y palos de manera que nos protegieran del bombardeo y ametrallamiento de la aviación del tirano, y  para observar allá abajo, el camino por donde podía acercarse el enemigo.


“Los aviones eran B-26, entregados por el Gobierno de Estados Unidos de Norteamérica a Batista. Sus bombardeos destruyeron bohíos y causaron la muerte de numerosos inocentes.


“Más tarde venía el teniente Rogelio Acevedo (hoy General de División retirado), quien supervisaba nuestra labor, revisaba y orientaba: «Dale un poquito más hondo aquí, o por allá», hasta que esos refugios y trincheras quedaban bien hechos”.  


En su libro “Descamisado” (página 193), Enrique Acevedo corroboraría lo que le ocurrió a Esteban y otros compañeros, cuando un avión del tirano bombardeó esa zona y él fue uno de los que se salpicó con napalm:


“Me encuentro a gente que se restriega. Se encuera. Son reclutas que fueron alcanzados por el napalm, pero sin que por suerte se les prendiera en los cuerpos. La espoleta no explotó. Si lo hubiera hecho se hubiera formado una bola roja de fuego que se esparce por el suelo, seguida por un humo negro, de olor empalagoso.” (Fin de la cita)


“Cuando años más tarde conté esto a mis colegas del Hospital Provincial Manuel Ascunce Doménech, de Camagüey –refiere Esteban-, no me creyeron y dijeron era un mentiroso”.


La entrega de armas

A fines de mayo de 1958 el Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, envió armas a Minas de Frío para enfrentar la cercana ofensiva de la soldadesca de la tiranía. Eran dos o tres M-1, una Johnson y varios Garand. El Che indicó que las entregaría a los primeros graduados. Esteban se puso en primera fila.


“Cuando me vio –rememora Esteban-, preguntó: «¿Y usted qué hace ahí?»

“Contesté que había sido de los mejores reclutas durante el curso. Me miró fijo, silencioso, y respondió: «Pues ahora los últimos serán los primeros…» Y me quedé sin arma.

«¡Coge la yegua preñá!», decían los demás compañeros, refiriéndose a la Johnson, porque tiene la barrigona esa (hoy se exhibe en el Museo de la Revolución)  Pero el Che dijo: «!No va a coger nada!» ¿Pero por qué? Indagué. «!Porque tengo otra sorpresa para ti!»


Granadero

“Días más tarde llamó: «Ven, que te voy a enseñar a manejar granadas».  Mostró una falsa, de madera. Explicó cómo debía lanzarla cuando los guardias se acercaran. Y luego indicó que yo, en vez de granadas, utilizaría laticas con TNT (dinamita) dentro.

Estos y otros armamentos se confeccionaban en improvisados talleres en la Sierra Maestra, con restos de bombas enemigas que no explotaban… como el llamado “Sputnik”.


En “Interludio” (página 386 de la recopilación de sus relatos por Casa de Las Américas), el Che reconocía que: “…dichas cargas de TNT y otras parecidas estallaban en sus fundas de leche condensada, produciendo solamente mucho ruido”.


Después de mostrarle a Esteban lo que debía hacer, le entregó dos laticas de esas de puré de tomate vacías, rellenadas con TNT.  Y, aparte, fulminantes  chiquitos –para poner uno por recipiente-, dos cigarros y una caja de fósforos, que introdujo en un nailon, para evitar que se mojaran o humedecieran… 


“¡Fíjate, que no se pierda ni un cigarro, ni se moje, los fósforos tampoco!”, precisó.

“Tú esperas a que los guardias estén a unos diez metros de distancia…”  

Esteban no pudo aguantarse y exclamó: “¡A diez metros!”, pensando que era una locura, prácticamente un suicidio

“¡Sí, es arriesgado, pero estarás oculto. Enciendes cuando estén más o menos a esa distancia, se lo pegas al fulminante o mecha, y les lanzas la latica!” Quiso calmarme un poco: “Estarás ahí emboscado con nuestra gente y así, cuando vengan los guardias, tendrás un arma, ¡ves!”.


“Me quedé callado y me fui, pero por la noche pensaba. ¿A quién se le ocurre en un combate, prender un cigarro, pegárselo a una mechita que casi no se ve en medio de una ínfima lata de puré, y tirársela a un tipo que viene avanzando con un arma automática, listo para disparar?


“Entonces, aunque inconforme, andaba de un lado para otro con mis dos laticas, los fulminantes y los diez cigarros. Y el Che, cada vez que me veía, me llamaba

«!Ven acá, déjame ver los cigarros!»

 

“Después de revisar y comprobar que nada faltaba, me lo devolvía…”  Y esto lo hacía pese a Esteban decirle que no fumaba, ni le interesaba hacerlo, y todo lo cuidaba. Trataba de hacerle entender que no le revisara más, pero cuando volvía a verlo: «!Oye, dónde están las dos laticas y los cigarros!»


“Me tenía muy jodido con tanta «revisadera». Y yo le tenía terror a las laticas (aparte del miedo a que me dieran un tiro, ser herido, o que me mataran)”, confiesa. ”Entonces me miraba inquisitivamente, quizás pensando que era cobarde, y enfatizaba: «!Esa es tu arma!»

Comentar

Enviar comentario
  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.
Archivo de noticias


Septiembre 2021
DoLuMaMiJuViSa
   1234
567891011
12131415161718
19202122232425
2627282930  

Radio Cadena Agramonte | Noticias de Camagüey, Cuba y el Mundo | © 2021, Camagüey, Cuba.