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Sustentada por la pasión revolucionaria, fecunda, la trayectoria de Julio Antonio Mella es de esas que nutren, como savia vital, la historia de los hombres y de los pueblos.

Fue su vida tan breve, pero tan dinámica, tan combativa, tan profunda, que a pesar de sus 26 años de existencia física es, sin lugar a dudas, una de las más extraordinarias personalidades de Cuba y de la América Latina.

Nació el 25 de marzo de 1903 y aparece inscrito en el Registro Civil como Nicanor McPartland. En su niñez visitó varias veces a Nueva Orleans (Estados Unidos) en compañía de su madre. Hizo la primera enseñanza en varios colegios católicos en la capital cubana. En 1921 obtiene el título de Bachiller en el Instituto de Segunda Enseñanza de Pinar del Río. Ese mismo año matricula Derecho, y Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana.

Entregado por entero a la lucha revolucionaria, Mella se desplazó en múltiples actividades y frentes. Inició la Reforma Universitaria en la bicentenaria Alma Máter, con lo cual el movimiento estudiantil se insertó en la batalla contra los males de la República neocolonial. Vinculó a los estudiantes con los obreros. Organizó el Primer Congreso de Estudiantes. Fue artífice de la Universidad Popular José Martí y de la Liga Antimperialista de Cuba. Y fundó, junto con Carlos Baliño y otros revolucionarios, el primer partido marxista-leninista de la Isla.

Permeado del pensamiento martiano y de la teoría marxista-leninista, fue Mella un lúcido intérprete de la realidad de su época. Proclamó que de la lucha antimperialista dependía la redención de la mayor de las Antillas y de América Latina.

"El imperialismo -decía-  es el mayor enemigo de América. Por eso la lucha contra el imperialismo de todas las fuerzas y tendencias desde las obreras y campesinas, hasta las burguesías nacionales (aunque estas en su mayoría sean capaces de traicionar) es la lucha más importante en el momento actual".

“Solo los de mentalidad tullida podrán creer -agregaba- que la revolución de los pueblos de América se ha detenido en las guerras de independencia, que han producido estas factorías llamadas repúblicas, donde gobiernan hombres iguales, peores algunas veces, que los virreyes y los capitanes generales españoles".

Julio Antonio Mella, en síntesis, fue la respuesta concluyente y enérgica a la necesidad de proseguir, bajo las nuevas condiciones históricas creadas por el dominio imperialista, la lucha liberadora y revolucionaria que habían iniciado Céspedes, Agramonte, Martí, Maceo, Gómez y demás próceres de la Patria.

Demostró que, dadas las circunstancias de su época, esta lucha emancipadora era inseparable del combate de la clase obrera internacional y de todos los explotados del mundo contra el imperialismo y el capitalismo.

Mella fundió genialmente en nuestro país las tradiciones heroicas de ayer, los ideales y aspiraciones populares, con el pensamiento revolucionario universal del marxismo-leninismo y con la lucha por el Socialismo.

Asesinado cobardemente en México por orden del tirano Gerardo Machado, el "asno con garras", el 10 de enero de 1929, Julio Antonio Mella, "atleta olímpico de la Revolución", como lo llamara tan acertadamente el Canciller de la Dignidad, Raúl Roa, solo desapareció físicamente. Mella vive y vivirá eternamente en la obra de la Revolución. Mella vive y vivirá eternamente en lo más hondo del corazón del pueblo y de todos los obreros y campesinos de la Tierra. (Tomado de Granma)




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