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No al bloqueo contra Cuba.Camagüey, 30 oct.- Los enemigos comunes de Cuba -no importa su lengua- propalan constantemente que las restricciones de la Isla no pueden atribuirse al bloqueo de los Estados Unidos. Tal parece que los propios cubanos son los culpables de todos los males que acarrea el asedio, el acoso, el cerco económico, comercial y financiero que pretende exterminarlos de la faz de la insurrecta Isla; sin embargo, ni siquiera el flamante Premio Nobel por la Paz, Barack Obama, quiere levantarlo para iniciar con argucia su  incipiente currículo del título otorgado a favor de la diplomacia internacional, al contrario, lo ratifica y hace mutis del contundente reclamo universal.


¿Por qué? La respuesta imperial de amenaza nacional por parte del pequeño país del Caribe para la mayor potencia bélica y económica mundial, es increíblemente  ridícula y peligrosamente política, cuya verdadera esencia es la de destruir por hambre y enfermedades la heroica resistencia de las fuerzas de las ideas socialistas sembradas por Fidel Castro en pueblo fértil contra las armas nucleares y los numerosos actos terroristas planeados, financiados y  ejecutados de factura Made in Usa- mercenarios.

Más del 60 por ciento de la población cubana nació bajo ese rigor delimitaciones económicas disímiles (hijos de padres que vivieron también las agresiones), pero todos en el hogar, desde el desayuno, la merienda de los niños, la alimentación y medicación  en general, en especial de ancianos y embarazadas, hasta el vestuario, el calzado, la transportación… la vida cotidiana, sufren las carencias del bloqueo que, aunque es una decisión unilateral de los Estados Unidos, atañe a otros países privados de mantener vínculos comerciales con Cuba.

Y esa sutileza esgrimida por el bloqueador, de que la divergencia es bilateral, o sea, entre Cuba y los Estados Unidos, no puede confundirnos: es verdad que el intercambio abierto con empresarios del cercano vecino de enfrente, representaría prontitud y ahorro en la adquisición de medicinas y alimentos que ahora se importan de lejanos proveedores, triplicando los costos, sin contar los elevados  fletes de transportación, debido a que les prohíben  que sus barcos atraquen en puertos cubanos, además de los riesgos de que el Departamento del Tesoro  congele los fondos cubanos  en bancos norteamericanos y otros bienes y fiscalice las transferencias de terceros países en dólares estadounidenses y otras monedas, como ha ocurrido.

El bloqueo cumple medio siglo, es obsoleto, se afianza en una retrógrada Ley de Comercio con el Enemigo que data de la Primera Guerra Mundial y constituye el asedio más prolongado y cruel de la historia de la humanidad, pero no ha podido ni logrará mellar la dignidad insurrecta, por eso los principios no son negociables para cambiarse por un plato de lentejas.

Por 18 años consecutivos Cuba ha presentado ante la Asamblea General de las Naciones Unidas la Resolución: Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América, aprobado siempre por mayoría universal creciente. El miércoles último la votación estableció récord en la cita planetaria: de los 192 países miembros: 187 dieron el sí por la suspensión del inhumano acecho imperial; tres en contra, por supuesto, Estados Unidos, su incondicional aliado bélico del Medio Oriente, Israel, e Islas Palau y dos diminutas abstenciones: Islas Marshall y Micronesia.

Quiera la administración de Obama o no, la solidaridad internacional supera con creces las visibles barreras del bloqueo, el “embargo”… como tratan de suavizar, minimizar, mediante agudezas, vivezas y otras sutiles perspicacias sus creadores y seguidores, como la ausente-semipresente de la ONU, la representante estadounidense Susan Rice.

Quiera o no el Premio Nobel de la Paz, los días del boicot norteamericano económico, comercial y financiero a Cuba están contados, aunque -por si acaso- medio siglo de aprendizaje popular junto a Fidel y Raúl Castro en la trinchera martiana de ideas que fructifican en todos los confines del planeta, resisten no se sabe cuantas 11 administraciones estadounidenses más. (Tomado de Adelante digital).

 



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