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Según Estados Unidos, ¿cuándo son “buenos” o “malos” los terroristas?


Por Rolando Sarmiento Ricart/Colaborador de Radio Cadena Agramonte.

Cuando en Suiza los países predominantes del mundo encabezados por los Estados Unidos,  tratarán –supuestamente- de encontrar el minado camino de la paz en Siria, la víspera Ban Ki-Moon, secretario general de las Naciones Unidas, declinó la invitación que hizo a Irán, presionado por las exigencias imperiales contrarias al presidente sirio, Bashar al Assad.

El próximo marzo se cumplirán tres años de cruenta lucha antipopular por derrocar a Bashar, cuyos enemigos foráneos -USA y sus aliados- apoyan secreta y públicamente a una gama de opositores en los que se incluyen terroristas de Al Qaeda y el Frente Nusra, al extremo de emplear armas químicas contra la población, acciones verificadas por organizaciones internacionales neutrales  en las  zonas del conflicto.

La intervención de Rusia para llevar las cosas hasta aquí, mediante un diálogo en el cual participen las fuerzas  beligerantes, ha tenido como principal opositor a los Estados Unidos y las potencias belicistas que persisten  en eliminar de la presidencia Siria a al Assad, como antes hicieron con  el iraquí Saddam Hussein, y Muammar al Gaddafi de Libia. En todos los casos no hubo escrúpulos para financiar las bandas  de “terroristas buenos”, el fin era desaparecer físicamente a los mencionados mandatarios desobedientes y prácticamente los asesinaron, los lincharon, ante la casi pasividad mundial.

Hoy, tanto en Iraq como en Libia, la situación insegura de la población no puede estar peor y resulta paradójico que los terroristas utilizados ayer por EE.UU. hoy  son “terroristas malos”, que, con armas estadounidenses, siembran el  pánico en las ciudades de Karbala, Faluya, Ramadi… situación incontrolada por los militares  invasores vestidos de civil retirados de Bagdad, después de que lograron la “paz” en esa sufrida y devastada nación del Medio Oriente. En cambio,  “terroristas opositores” en Siria reciben apoyo bélico y buena paga para acabar con Bashar.

Ojalá que de la cacareada reunión de Ginebra, Suiza, surjan acuerdos sensatos y pacíficos, de lo contrario, por ese polvorín rodeado de armas nucleares puede comenzar la destrucción universal, aunque pienso que si el Premio Nobel de la Paz, Barack Obama, y su empecinado enviado especial a la cita, John Kerry, cambian el tozudo pensamiento de ignorar a los pueblos e imponer el capricho de deshacerse de determinados jefes de Estado como solución quirúrgica violenta -lo cual genera más violencia- entonces sí el diálogo impondrá su raciocinio al tronar mortífero de las armas.



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