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Por Edel Blanco Duarte/ Radio Cadena Agramonte.

Eran jóvenes que marchaban al combate contra la tiranía de Fulgencio Batista. Los senderos de sus vidas se detendrían, y el calendario marcaría una fecha que siempre estaría unida a sus nombres: 13 de marzo de 1957.

Hoy recordamos aquellos hechos, pero por encima de la tristeza asociada a la muerte, sentimos que ellos avanzan de un siglo a otro y están presentes cada día en las aulas, plazas y tribunas de nuestro país.

Ya han pasado 57 años del asalto al Palacio Presidencial y la toma de Radio Reloj, acciones dirigidas a acabar, de una vez y por todas, con la dictadura que vivía la Cuba de entonces.
En la valentía y entrega de aquellos estudiantes radica la clave para que sus nombres perduren en nuestros universitarios, hoy y siempre.

Su presencia se ha hecho más fuerte con el paso del tiempo, y la figura de José Antonio Echeverría se convirtió en un referente, no sólo en esa etapa de lucha, sino para las nuevas generaciones de cubanos.

La acción del 13 de marzo marcó un hito en la lucha de la juventud en la mayor de las Antillas. Fue una demostración más de su compromiso irreversible con el cambio social.

Además, constituye una hermosa muestra de la pasión revolucionaria que hasta nuestros días caracteriza a quienes José Martí definió como “pinos nuevos”, esos que asumen en cada momento los retos impuestos al proceso revolucionario.

Los mártires del 13 de marzo de 1957 trascenderán siempre en la memoria histórica del pueblo. Sus nombres deben ser pronunciados con admiración,  porque en ellos se resume todo el heroísmo de la juventud cubana.



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