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Washington, 17 jul.- El enfrentamiento por la crisis migratoria en Estados Unidos, ahora complicado por la llegada de miles de niños sin acompañantes a la frontera sur del país, es un problema que se perfila hoy como insoluble.

La Casa Blanca, los demócratas y los republicanos cada vez se alejan más de la solución integral demandada por el presidente Barack Obama desde que asumió la presidencia del país en 2008, y que para pesar de muchos no avanzó cuando el partido de Gobierno tenía la mayoría en el Congreso.

Este miércoles, el 17 % de los estadounidenses tenía la opinión que la preocupación más grande de Estados Unidos es la inmigración, según reveló una encuesta de la empresa Gallup.

Señaló Gallup que el asunto ahora está virtualmente empatada con el descontento hacia el gobierno, en un 16 %, como el problema que los encuestados ven como mayor para el país.

Esta percepción tiene como telón de fondo las diferencias políticas sobre cómo enfrentar la crisis de los menores, como un paso para no empeorar los desacuerdos sobre la demorada reforma de la ley.

La víspera, el presidente Obama fue arropado por los congresistas hispanos para aprobar un millonario paquete de emergencia destinado a atender la oleada de inmigrantes clandestinos, pero otros legisladores advirtieron de los altos costos que genera esta crisis.

El Caucus Hispano, integrado por 26 legisladores -un senador y 25 congresistas- demócratas latinos, manifestó su apoyo para aprobar fondos especiales requeridos por el Gobierno durante una reunión con Obama y el vicepresidente Joseph Biden en la Casa Blanca, según un comunicado del grupo.

La iniciativa estaría encaminada a reforzar las agencias de Seguridad, garantizar el debido proceso a los migrantes y ayudar a los países centroamericanos a combatir las causas que han empujado a miles de niños a cruzar el límite con México, señaló la Casa Blanca.

Estas acciones, vista en una perspectiva más amplia, están en consonancia con reclamos republicanos para aumentar la seguridad fronteriza, una de sus preocupaciones para avanzar con un plan aprobado por el Senado en junio de 2013, y que languideció en la Cámara baja ante la negativa del partido opositor a avanzar.

Obama aboga porque el Congreso apruebe tres mil 700 millones de dólares en recursos para 2014 y 2015 destinados a aumentar el número de agentes y jueces en la frontera, así como a ampliar la capacidad de acogida y expulsión de los inmigrantes que entraron ilegalmente.

Las aspiraciones del mandatario de avanzar enfrenta la oposición del llamado Partido Rojo, que condiciona cualquier aprobación de recursos a una modificación de una ley contra el tráfico de personas de 2008, que agilizaría la deportación de los niños centroamericanos.

Atacado desde varios francos y con índices de popularidad en picada, Obama insiste que el problema con los menores inmigrantes acentúa la necesidad de una reforma en el Congreso que repare las fallas en el sistema.

Eso, a estas alturas de su segundo mandato en la Casa Blanca, parece algo quimérico, de ahí que el Presidente insista en que antes del otoño boreal tomará medidas unilaterales, aunque limitadas, para atender el grave problema de los sin papeles.

Por otra parte, las diferencias parecen aumentar para alcanzar la reforma. Esta semana el senador Ted Cruz, de Texas, con un fuerte apoyo del ultraconservador movimiento Tea Party, anunció que empleará toda legislación a su alcance para atacar la política migratoria del Gobierno.

Cruz intentará, entre otras acciones, revocar una decisión de hace dos años tomada por Obama para permitir quedarse y trabajar en Estados Unidos a ciertos inmigrantes llegados al país de forma ilegal cuando eran niños.

La oposición insiste en su argumento de que esa política es responsable en parte de la crisis actual, al crear la percepción de que los jóvenes pueden quedarse en el país, a pesar de que quienes llegan ahora no estarían cubiertos por esa norma.

Por lo pronto, la legislación relativa a la crisis de la inmigración se enfrenta a una dura batalla en la Cámara de Representantes y el Senado, a causa de una división partidista sobre la forma de acelerar la deportación de menores no acompañados en la frontera sur. (PL) (Fotos: Archivo)



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