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Por Martha Gómez Ferrals/ Agencia Cubana de Noticias.

Jesús Suárez Gayol, el Rubio de la guerrilla del Che, cayó en combate el 10 de abril de 1967 cerca de las márgenes del Ñancahuazú, Bolivia.

En el lugar donde lo encontraron había  dos enemigos muertos y tres heridos. Se tomaron, además, seis prisioneros. Sobre el suceso el Guerrillero Heroico escribió el mismo día: “Encontraron al Rubio ya agonizante, su garand estaba trabado y una granada, con la espoleta suelta, pero sin estallar, estaba a su lado”.

Al amanecer de esa jornada,  el jefe guerrillero había ordenado preparar una  emboscada con ocho combatientes de la  Retaguardia y otros tres de la Vanguardia. Fueron interceptados por  15 soldados.

El desenlace del encuentro fue muy rápido, con un tiroteo de escasos segundos que costó la vida a Suárez Gayol, quien estaba mal apostado, según testimonio de uno de sus compañeros.  Por ello fue blanco fácil de los guardias.

En un recordatorio de homenaje al soldado caído, el hecho consignaba que la primera sangre derramada había sido cubana.

A la distancia de 50 años de su muerte, su imagen emerge llena de la vida pujante y comprometida con que siempre vivió. Tal vez porque aunque parezca muy lejana en el tiempo, en él se identifican las fibras de un muchacho de hoy.

El Rubio había nacido casi 31 años antes en el poblado rural de Manatí, hoy de la provincia de Las Tunas, un 24 de mayo, hijo de padres asturianos.

Su existencia breve estuvo marcada por la fuerza y las convicciones revolucionarias desde edad temprana. Los que lo conocieron de cerca en su niñez lo recuerdan enérgico y vivaz, siempre en contra de lo que consideraba injusto.

Sentía apego por las enseñanzas martianas y hacía que sus progenitores españoles se pusieran de pie cuando se escuchaban las notas del Himno Nacional, tal era su compromiso con la tierra natal.

Todavía en la enseñanza primaria, ellos lo enviaron a estudiar a Camagüey. A la muerte del progenitor, la figura materna adquirió una gran importancia en su vida y sus lazos fueron muy estrechos hasta su muerte.

En el Instituto de Segunda Enseñanza del territorio agramontino pronto se incorpora de manera notable a la lucha contra la tiranía batistiana, desde el mismo 10 de marzo de 1952, y en esa ciudad centroriental de Cuba organizó la Federación de Estudiantes Secundarios e integró la Dirección provincial del M-26-7.

Encabezó en la tierra de El Mayor huelgas y mítines contra la dictadura batistiana, pronunció discursos. La denuncia valiente también fue un arma usada por el joven, en la que culpa a las  autoridades del gobierno y a las policiales por las torturas y la represión.

El impacto del asalto al Moncada y la figura del líder Fidel Castro fue muy fuerte en él. Compartía la convicción de que la lucha armada era el camino justo a tomar para librar a Cuba del crimen y la ignominia. Más tarde, como estudiante de  Arquitectura en La Habana, continúa la lucha revolucionaria desde la histórica colina universitaria.

A partir de marzo de 1957  vive como combatiente clandestino en la capital cubana,  donde cae prisionero. Tras ingentes esfuerzos de su madre, sale de prisión y embarca para  Estados Unidos, a petición de esta.

Pronto se traslada a Ciudad de México y regresa a Cuba en abril de 1958 como miembro de la expedición de El Corojo. Por orden del Movimiento 26 de Julio cumple misiones en La Sierra y el Llano. En la antigua provincia de Las Villas se incorpora a la Columna 8, comandada por el Che. Por sus méritos en combate, recibió los grados de capitán.

La Revolución triunfante encuentra en él un entusiasta trabajador. Dirigió algunas fábricas de azúcar y fue Viceministro de esa industria cuando recibió el llamado del Che para acompañarlo a la gesta de Bolivia.

Fue inmensa la alegría de aquel soldado eterno de la Revolución cuando recibió el mensaje de Ernesto Guevara. Se recuerda incluso su entrega y sacrificio para cumplir los rigores del entrenamiento, sus dotes organizativas, su alto sentido del deber y sus potencialidades como futuro cuadro militar.

Así era El Rubio. Tan presente hoy como hace 50 años. (Foto: www.granma.cu)



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