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Por Mariela Peña Seguí/ Radio Cadena Agramonte.

Camagüey es un ejemplo de lo mucho que se ha hecho en Cuba para lograr la tan necesaria equidad de género. En diez de sus 13 municipios una fémina es la presidenta de la Asamblea del Poder Popular, mientras la máxima dirección de ese órgano de Gobierno a nivel provincial está en manos de tres mujeres (presidenta, vicepresidenta y secretaria).

Asimismo, las camagüeyanas son mayoría entre los dirigentes sindicales a todos los niveles, incluso entre los cuadros profesionales, de los cuales representan más de la mitad.

Precisamente en ese contexto se inscriben los resultados de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), próxima a celebrar su aniversario 58.

La organización ha avanzado en la incorporación de la fuerza de trabajo femenina, sobre todo la altamente calificada; la participación de las mujeres en la dirección política y administrativa del país se ha incrementado.

Pero la realidad habla aún de problemas sociales relacionados, fundamentalmente, con la doble jornada de la trabajadora —en el centro de labor y en el hogar—, que realmente obstaculiza el despliegue de sus potencialidades y dificultan su participación, su ascenso.

Existe una sabiduría popular acerca del papel de hombres y mujeres, por lo que sobreviven en la conciencia de muchos prejuicios y creencias arrastrados de una Cultura que legitimó todas las desigualdades sociales por la clase, la raza y el sexo.

Pero por la capacidad de las mujeres para desempeñarse es necesario seguir construyendo la Cultura de la justicia y de la equidad, que fundamente las relaciones entre seres humanos y la organización del trabajo entre los ámbitos de la familia y de la sociedad.

Una Cultura que no admita ninguna forma de discriminación, el sueño de muchos hombres y mujeres que trabajan para que sea posible. (Imagen: Archivo)

 

 



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