logo

Por Dania Díaz Socarrás/ Radio Cadena Agramonte.

Matanzas ha perdido a su novia, y Cuba a una de las más grandes poetisas y mujeres que ha tenido, símbolo de libertad, de espontaneidad y del amor profundo que encierra la figura femenina.

96 años en la vida de Carilda Oliver Labra parecieron poco para alguien que tardó en ser reconocida como merecía —por el atrevimiento de sus versos—; sin embargo, el tiempo probó su talento y su lealtad a la Revolución cubana.

Había en Carilda una mujer fuerte, justa, defensora de los derechos femeninos, incluso del derecho a decir sin tabúes cuanto sentía en cada uno de sus romances.

La vida le regaló, humana al fin, momentos difíciles y amores perdidos que también aparecieron en sus versos, sin perder ese toque picaresco que los distinguió siempre.

De cada momento supo tomar lo que la ayudó a amar, a ser feliz y poetisa; con eso construyó textos como “Se me ha perdido un hombre”, “Las sílabas y el tiempo”, “Desaparece el polvo” o “Al sur de mi garganta”.

Este último la hizo merecer el Premio Nacional de Poesía (1950). Además, cuenta entre sus lauros el Premio Nacional de Literatura (1997).

Carilda Oliver pasó a la historia de las letras cubanas e hispanoamericanas por su dominio de distintas estrofas poéticas, defendidas con autenticidad, y por cuanto en esa forma entregó a los lectores de su mundo interior.

Sus restos descansarán luego de ser expuestos en la casona de la Calzada de Tirry 81, sitio que marcó la vida literaria de la Novia de Matanzas.

Su alma, en cambio, continuará allí, llevándonos de la mano por sus vivencias y sueños, siempre que alguien abra un libro o recuerde un par de versos de esta mujer excepcional.

Carla Oliver Labra es ya un nombre de pedestal erguido, pero no intocable, sino de esos que palpamos a diario siempre que nos descubrimos entre sus imágenes y la sentimos cerca, como una amiga que te coloca enfrente algún espejo desertor de prejuicios. (Foto: http://www.cubahora.cu)



Comentarios


Tu dirección de correo no será publicada *