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Por Yusarys Benito Deliano/Radio Cadena Agramonte.

A partir del 3 de febrero de 1962 la palabra bloqueo forma parte de la cotidianidad de generaciones de cubanos y, aunque a veces se vuelve reiterativa para justificar algunas faltas que podemos resolver internamente, es evidente que la economía cubana sufre los daños de una política que se recrudece cada año.

Desde 1992, Cuba presenta a la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU) una resolución que solicita el fin del bloqueo económico, comercial y financiero con la plena confianza en los países del mundo que apoyan las causas justas.

El año pasado, solo dos representaciones votaron en contra, era de esperar esta actitud de Estados Unidos e Israel; sin embargo, 191 naciones son conscientes de que una pequeña isla del Caribe sobrevive a los perjuicios impuestos de 56 años.

Luego de tanto tiempo, hasta parece que nos acostumbramos a la convivencia con el fenómeno, pero exigir que se respeten nuestros derechos como nación no es negociable y por vigesimoséptima vez consecutiva denunciamos esta violación. 

Según el Informe de Cuba sobre el bloqueo, durante el 2018 las nuevas sanciones han provocado una disminución sensible de las visitas de estadounidenses, lo cual genera mayores obstáculos a las relaciones de empresas cubanas con socios potenciales.

El sistema de Salud se ve afectado por las dificultades para adquirir medicamentos, reactivos, instrumental y piezas de repuesto para equipos médicos, entre otros productos.

Solo una madre cubana puede palpar de cerca la necesidad de insumos necesarios e idóneos para curar la enfermedad de su hijo con leucemia o linfoma.

De igual manera, existe un retroceso en los intercambios académicos de los profesionales y técnicos cubanos y estadounidenses de la Salud.

No podemos colocar nuestros productos en el mercado norteamericano, la Educación reporta la falta o insuficiencias  en medios y recursos para la docencia y la investigación; el acceso limitado a la información científica y los obstáculos para recibir los pagos por los servicios profesionales que se prestan en el extranjero.

Por otra parte, el bloqueo obstaculiza la comercialización y promoción de la música, las artes plásticas y escénicas, y la literatura cubanas. También ha provocado afectaciones en el sector de las Comunicaciones y la Informática, incluidas las telecomunicaciones.

Por si fuera poco, esta sanción injusta y severa no solo afecta a la Isla, ya no es una cuestión bilateral entre Estados Unidos y Cuba, su carácter extraterritorial se aplica con toda impunidad y en franca violación del Derecho Internacional.

A pesar de esta zancadilla histórica, los cubanos buscamos soluciones a diario para sobrevivir y mantener nuestros principios. Aquí todos tenemos derecho a la educación y se da prioridad a los más pequeños de casa.  Según la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), Cuba es el país de América Latina con mayor índice de desarrollo en materia educacional.

Los innovadores y racionalizadores cubanos trabajan en la solución de los equipos y piezas primordiales para el desarrollo del país, y el sector biofarmacéutico es uno de los motores de la exportación y el crecimiento económico de Cuba en los últimos años.

Razones estas para regresar a la Asamblea General de Naciones Unidas, como hace 26 años, a exigir el fin del bloqueo, y continuar desde la Isla perfeccionando entre todos la obra de la Revolución socialista. (Imagen: Archivo)

 



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