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Para la camagüeyana Milagros Rementería Gómez ha valido cada una de las horas que en 42 años como maestra ha dedicado a sus alumnos. Corría el año 1977 cuando por vez primera se paró frente a un aula; eran tiempos en que los mejores estudiantes eran enviados a las zonas rurales para, tal y como había plantado la Revolución, llevar la educación hasta los sitios más recónditos del país.

“Recuerdo la intensidad de aquella primera etapa, en que era tan joven e inexperta, pero en la que el cariño de los niños lo curaba todo”.

Cuatro años después Milagros pasó a la Educación Especial, primero, como profesora de Español en el Centro de Evaluación, Análisis y Orientación de Menores, y después, en la otrora Escuela de Discapacidad Sensorial.

“Fue así como me acerqué a la Asociación Nacional de Ciegos y Débiles Visuales, de la que soy miembro hace más de dos décadas, y la que me ha dado la posibilidad de participar en tres de sus Congresos”.

Hoy, Milagros asume la responsabilidad de formar nuevos maestros para la Educación Especial en la Universidad de Camagüey, y asegura, “la clave está en el amor; en enseñar y ser a la vez amiga y consejera”.

A su historia completa nos acerca la periodista Gladys Dailyn Morera Cordero.     



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