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Por Dania Díaz Socarrás/ Radio Cadena Agramonte.

Hay mujeres que son ciudad, que son aire fresco de campo, que son calles o país; cada una a través de sus historias y sus sueños construye, siembra, anda, crea.

Desde hace siglos las mujeres buscamos un lugar en cada tiempo, por encima de tabúes, de prejuicios y de sociedades que se disputan los derechos como si no fueran las féminas parte de la ciudadanía.

Hace 60 años, en Cuba ser mujer se traduce en ser parte de una organización que representa intereses, guía, se preocupa y ocupa por cuanto las cubanas vivimos. Desde entonces, siendo todavía adolescentes, llega el derecho a integrarnos a la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), la organización que fundó Vilma Espín y apoyó Fidel Castro; la que impulsó, por ejemplo, la creación de los círculos infantiles.

Aun en medio de las actuales circunstancias, en que la Covid-19 nos ha cambiado la vida, esas instituciones han permanecido abiertas, con educadoras, en su mayoría mujeres, cuidando a nuestros hijos; porque a la par, muchas madres han trabajado ininterrumpidamente, en hospitales o centros de producción; arriesgándose, pero con la tranquilidad de tener a sus pequeños bien cuidados.

Gracias a ideas como esa, materializada a menos de un año de la fundación de la FMC, tantas jóvenes han podido superarse, estudiar y trabajar,

A otras creaciones, como las Casas de Orientación a la Mujer y la Familia, se deben también una considerable cantidad de oportunidades para el estudio de oficios, para conducir la vida en los ámbitos personal, social y familiar; las cuales no son exclusivas para las féminas, sino que sirven también de ayuda a muchos hombres en todo el país.

La FMC está hoy lo mismo en una escuela, un policlínico, una bodega o un salón de belleza, que en una fábrica, una industria, un centro de investigación, un surco. Está, sí, como organización, pero sobre todo como esencia, porque allí persiste la valiente, la audaz, la laboriosa, la gentil, la dulce, la educadora, la capaz, la joven o la anciana cubana.

Unas llegan a diario a sus labores como brisa que perfuma e inspira con voz cálida; otras con la dureza de sus palabras que buscan hacernos mejores, con la mirada desenfadada o con la fuerza del ejemplo.

Cada una a su modo, consigue hacer desde su pedacito de mano que castiga, aplaude y vuela, un país de conquistas, de cambios, humano, por encima de géneros; una sociedad basada en la equidad que a cada paso resulta imprescindible para esta Cuba. (Foto: Archivo)



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