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Por Jorge Enrique Fuentes Ruiz/Radio Cadena Agramonte

Hace unos días pensaba en lo que significa para mí el hecho de ser un graduado universitario, y me vinieron a la mente los millones de jóvenes en el mundo que ni en sueños tienen la idea de conocer lo que es un pupitre, un apretón de manos de un compañero, o el simple hecho de obtener unos gratificantes resultados en los exámenes.

La educación es parte fundamental en el desarrollo del ser humano. Desde la infancia, el conocimiento llega al niño con una metodología y pedagogía que, de forma paulatina, impulsarán en el sujeto capacidades intelectuales para aprehender las disímiles materias de las asignaturas.

Es triste escuchar las anécdotas de los más ancianos, cuando en su etapa de juventud, algunos no pudieron incrementar sus habilidades cognitivas, debido a que las condiciones sociales, políticas y económicas de la neocolonia no lo permitieron.

Por eso, cuando veo a las actuales  generaciones tener la oportunidad de estudiar gracias a la Revolución cubana,  y sin embargo, en ocasiones desaprovechan ese privilegio, arriban a mi mente estas reflexiones. 

No estudian unos, porque con justificaciones no convincentes aseveran que no nacieron para eso. Otros, porque cifran su destino en la búsqueda de dinero a partir de negocios, y por tanto, para ellos el tiempo es poco como para emplearlo en la actividad lectiva.

Y así, sin desestimar a aquellos que por mayores motivos no lo puedan hacer, encontramos a ciertos personajes que, injustificadamente, dan la espalda a la superación personal.

Por mi parte, continúo afirmando que ser estudiante es un privilegio, entre otras razones porque ofrece la maravilla de desentrañar lo oculto, aquello que no podemos percibir a simple vista y que requiere una preparación profunda para su comprensión.

Además, nos permite crecer de forma espiritual. El contacto con el otro, con el profesor, resulta una experiencia única. En la escuela incorporamos valores como la solidaridad, el compañerismo, la honestidad, el sentido de la responsabilidad, el desinterés, y el espíritu colectivista de ser mejores cada día.

Nuestra isla es un ejemplo de proyecto internacional para la democratización de la enseñanza. El Estado cubano prioriza la educación gratuita y universal, sin distinción de género, religión u orientación sexual. Cuantiosas inversiones millonarias son destinadas a la formación de obreros calificados, técnicos de nivel medio, y universitarios.                       

Ser estudiante no debe verse como una obligación, ha de pensarse como una etapa decisiva en la formación de la personalidad, en la construcción de la autoestima y en la planificación de nuestro futuro.

Cualquiera que sea nuestro nivel cultural, si se fue una vez buen estudiante, quedará la satisfacción del deber cumplido, y nos visitará, cuando menos lo pensemos, la nostalgia de volver a sentirnos parte de ese grupo.

Bajo el liderazgo del presidente Díaz-Canel, y la genial conducción del Partido Comunista de Cuba (PCC), por el General de Ejército Raúl Castro Ruz, Cuba reanuda el presente curso escolar y acometerá el siguiente con victorias, donde la Covid-19 no será obstáculo para una nación que defiende el aprendizaje entre sus pilares fundamentales, por ello, seamos dignos de ese legado y estemos, desde las aulas, a la altura de estos tiempos. (Foto: Archivo)              



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