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Por Idaylen Rodríguez Rodríguez y Daylén Fenollar Alemán/ Estudiantes de Periodismo.

Sus ojos son el reflejo de todo lo que vivió. Cada detalle que Justino Oquendo Tamayo, sobreviviente del Combate de Pino Tres, ofrecía a estas periodistas sobre el hecho, se convertía en historia viva.

Con solo 17 años fue designado junto a su padre a la Columna no. 11 el Ejército Rebelde, dirigida por Jaime Vega. Sin embargo, su inexperiencia no le impidió destacarse en la que sería la acción más violenta que enfrentaría la columna.

¿Cuándo se vincula al Movimiento 26 de Julio en Camagüey?

En 1957, estaba en el municipio Santa Cruz del Sur, junto a mi papá, mi hermano y otros compañeros; varios de ellos fallecieron durante la guerra.

¿En qué áreas se desenvolvió en aquel el inicio?

“Primeramente en Santa Cruz, pero producto de una delación, tuvimos que darnos a la fuga. El 5 de agosto me incorporé a una guerrilla que radicaba en el poblado de Pino con mi hermano Jorge Oquendo; él murió durante un tiroteo en una acción junto a otros compañeros para abordar el tren que viajaba de Camagüey a Santa Cruz.

“Nos quedamos en la costa sur hasta que Fidel nos mandó a buscar desde la Sierra. Llegamos a Oriente cuando bajaban Camilo y el Che, y detrás de ellos el en ese entonces Capitán Jaime Vega. A mi padre y a mí nos asignaron bajo su mando; en el recorrido hacia Occidente, la columna debía quedarse en Camagüey haciendo guerra de guerrilla”.

Para Justino acatar las órdenes con vehemencia en tiempos de guerra es fundamental; y es que cualquier indisciplina puede cambiar el curso de los planes. Ese fue precisamente, según él, uno de los factores que, propició la emboscada de Pino Tres.

Las órdenes de Fidel dictaban que debían trasladarse por los montes sin tomar ningún medio de transporte; no obstante Jaime decidió que se movieran en camiones. Algunos no estaban de acuerdo, entre ellos Justino, pero debían regirse por el jefe de la Columna. A poco tiempo de iniciar el recorrido fueron sorprendidos por la guardia rural en lo que Justino cataloga como un infierno de balas.

“Fue terrible. Allí hubo dos problemas: caer en la emboscada y lograr salir de ella. Hirieron al viejo (su padre) a mi lado; cuando le dije que nos retiráramos, me respondió: sálvate tú que yo estoy muy mal herido, y al instante, murió. El jefe de pelotón Ricardo Pérez Alemán cayó sin poder lanzar una bala; vi cómo dos hermanos descendientes de haitianos murieron por no separarse uno del otro. Muchos combatientes fueron heridos y asesinados; decidí salir porque era una situación insostenible. Logré con ayuda de otros compañeros abrir una brecha y sobrevivir. Apoyado por campesinos, llegué al central en Santa Martha de donde soy oriundo y me acogieron en la casa de un amigo”.

Posteriormente Justino Oquendo se incorporó con Rodolfo Peña, otro sobreviviente, a la guerrilla del ex capitán Roberto Cruz Zamora en Corojito de Vialla, que agrupaba alrededor de 60 hombres.

¿Fue Pino Tres su primera participación en una acción de guerra de gran envergadura?

“Fue la primera vez; siempre se incursiona en algunas tareas de mayor o menor medida, pero mi inicio en un combate fue Pino Tres. La mayoría de los participantes eran más experimentados porque venían de combatir en la Sierra, el grupo que se incorpora a la columna 11 luego del llamado de Fidel y otros afiliados en el trayecto, éramos novatos.

“Yo no sé decir mentiras: sentí miedo; estaba rodeado de cadáveres y metido dentro de un charco de sangre; la balacera era grande y había que salir de allí, pero como otros compañeros, tuve que mantenerme sereno y ecuánime para lograr sobrevivir”. 

En los últimos años de la guerra Justino fue designado por el comandante Víctor Mora a trabajar en la jefatura en el pelotón del Capitán Neno. “Durante ese periodo, Julio Camacho Aguilera, por orden de Fidel Castro, llegó para fundar el Frente de Guerra de Camagüey”.

Tras el anhelado triunfo del 1ro de enero de 1959, Justino continuó desempeñando labores militares un tiempo. Movido por el deseo de ayudar a su madre y hermanos pequeños comenzó a trabajar como chofer; pero siempre vinculado a la Revolución y a la Asociación de Combatientes.

Un hombre que afirma que no luchó por obtener grados: lo hizo por voluntad, porque se sentía plenamente identificado con el proceso revolucionario. A pesar de las lesiones permanentes que le provocó el trágico combate del 27 de septiembre de 1958, Justino Oquendo Tamayo asegura que, si volviese a vivir esta época de la historia, lucharía nuevamente. (Foto de las autoras)



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