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Por: Dannys Hernández de Luaces/Radio Cadena Agramonte

Burlarse de un anciano es lo mismo que atropellarle e insultarle y, quien lo hace, actúa como un cobarde, faltando a los principios fundamentales de la justicia y la educación cívica.

La pérdida de los valores tradicionales atenta cada vez más contra el bienestar de las personas de la tercera edad, expuestas a una sociedad movida en gran medida por el estrés y las cosas materiales, donde lo afectivo queda relegado, en ocasiones, a un segundo plano.   

Contrario a esos comportamientos debemos mostrar admiración a los adultos mayores, cederles siempre el lugar reconocido por preferente e intentar no contradecirles, y en caso de hacerlo, mantener siempre el tacto y el respeto, pues ellos son un cúmulo de experiencia inagotable que nos brindan enseñanzas cada día.

Desde cada hogar debemos inculcarles a nuestros hijos el amor por sus abuelas y abuelos, y todos los ancianos en general, pues esto aporta considerablemente a que en esa etapa de la vida los más longevos se sientan queridos y útiles, al contribuir con la formación de las nuevas generaciones.

A su vez, necesitan mantenerse activos tanto en el hogar como en la sociedad, lo cual les permite también alejarse de la soledad, aumenta su vitalidad y autoestima.

Los beneficios de estar en contacto con personas mayores son asimismo innumerables, porque aprender de sus vivencias y consejos nos convierte en mejores seres humanos, a partir de la comprensión, los conocimientos y la paciencia que se adquieren solo con el paso de los años.  (Foto: Archivo)



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