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Por Juan Mendoza Medina/ Radio Cadena Agramonte. 

En el central Siboney ya se respira el olor a azúcar. Aunque la zafra aún no ha empezado, sus obreros se empeñan en impregnarle ese aroma con su constante ajetreo y la meta colectiva de cumplir el plan y borrar así el sabor amargo de la pasada campaña.

Aunque la fecha de arrancada oficial es el próximo 24 de noviembre, lo más probable es que se adelante unos días, asegura el director de la industria, Jorge Ramón Valdivia Velásquez, pues “estamos en condiciones de hacer una buena zafra, a partir de las reparaciones con calidad que aquí se han acometido”.

Los recursos, como sucede a lo largo y ancho de Cuba, han escaseado bastante, pero ellos han buscado alternativas, y lograron reutilizar algunos que parecían inservibles o desechados en la propia fábrica.

“El año pasado nos faltaron 900 toneladas de azúcar para cumplir. La falta de caña ha sido el gran problema últimamente, por lo que la estrategia aprobada potencia también la materia prima desde los campos de Argentina, en Florida, y Panamá, en Vertientes, para aprovechar la de Siboney cuando tenga las mejores condiciones”.

En total serán más de 188 mil toneladas de la gramínea las que deberá procesar el pequeño sibanicuense para elaborar las 16 mil toneladas métricas del crudo, cifra por debajo de la conseguida en la contienda precedente.

En ese objetivo, los jóvenes son decisivos, porque aunque el ingenio fue el que mejor salario pagó en la zafra anterior (dos mil pesos como promedio mensual, más alrededor de 16 pesos convertibles), se fueron muchos trabajadores y la fuerza se ha renovado, y se ha formado a pie de obra.

Rostros nuevos en el Siboney

Manuel Guevara Valdivia tiene 28 años de edad; se inició en el central por el área de centrífuga, y “por cosas de la vida empecé a aprender un poco más, a superarme, y este año me han dado una tarea compleja, que es ser jefe de turno integral, a cargo de 63 obreros.

“Tengo muchos jóvenes conmigo con ganas de trabajar. La familia siempre me apoya, y este cargo lo valoran. Tengo apoyo moral de ellos, y eso me crea el compromiso de trabajar y hacer las cosas bien”.

No tan diferente piensa Rafael Izaguirre Rodríguez, operador en la planta eléctrica, una labor “complicada porque prácticamente tengo el corazón del central completo arriba de mí. Atiendo los turbos, la corriente que entra y sale. Si se cae un turbo, se cae el central completo”.

En esa área lleva ya dos años, pero más en el ingenio, y a esa responsabilidad descrita por él, se suma la de secretario general del Comité de Base de la Unión de Jóvenes Comunistas, al que pertenecen nueve militantes y atiende un universo juvenil de 23. “Todos hemos apoyado con trabajos voluntarios las reparaciones, y nos enfocamos en las zonas más atrasadas”.

Así lo ha hecho, por ejemplo, Jorge Luis Barreras Machado, quien con 20 años vivirá su segunda zafra en la centrífuga; pero tan poco tiempo no significa un peligro, todo lo contrario, pues la capacitación recibida, asegura, contribuirá al buen desempeño. “Trabajo aquí porque me gusta tirar pa´ lante, por mi familia, por mí mismo y por mi país”.

Central adentro

En ese proceso formativo, no caben dudas que los mejores maestros son quienes han dedicado buena parte de su vida al central, como Evelio Santos, con un cuarto de siglo como mecánico de centrífuga, quien por vez primera asume la dirección de esa área.

Durante mucho tiempo, y este preámbulo de zafra no ha sido la excepción, ha garantizado el funcionamiento de todo el engranaje, y “por la falta de recursos hemos tenido que trabajar un poquito más para buscar las soluciones, pero lo hemos logrado. Espero que el área no dé tiempo perdido ninguno”.

Cuanto se ha hecho para preparar a los más noveles lo corrobora Gregorio Ramos, secretario de la sección sindical, y agrega que a la emulación semanal que se ha llevado a cabo en la etapa de reparaciones, se le suma otra cuando inicie la zafra, para reconocer a los más destacados e incentivar la productividad.

A ese propósito debe contribuir el pago de la caña por su calidad, un sistema que, aunque se implementa desde el pasado año, en este se aumenta el precio, lo cual debe redundar en un mayor rendimiento para la industria.

“Es un incentivo para que el productor cumpla su tarea diaria y entregue las mejores cañas”, dice Ángel Castellanos, jefe de laboratorio, y agrega que eso debe ayudar a acabar con el principal contratiempo que ha sido el abasto de la gramínea y las materias extrañas con que llega. “Nosotros hemos rechazado caña por no cumplir con los requisitos idóneos”, sentencia.

Otra prioridad ha sido el ahorro energético, objetivo difícil pero no imposible de conseguir; solo en el mes de octubre dejaron de consumir 39 mil kilowatt/ hora, gracias a medidas como la optimización del uso de los equipos altos gastadores como los tornos y los de soldar, además de la desconexión en los horarios picos.

Con el pitazo inicial, el compromiso es entregar lo planificado al sistema electroenergético nacional, indicador que junto al autoabastecimiento de energía ubicaron al Siboney entre los mejores del país en ese aspecto.

Hace par de años la industria del oriente camagüeyano rompió con una larga cadena de cumplimientos de sus compromisos productivos, por lo que jóvenes y no tan jóvenes restan horas al día en que comenzará todo de nuevo, para, desde ese propio momento, volver a ubicar al Siboney en la senda de los que aportan con eficiencia. Es por ello que desde ya hay ambiente dulce en el central, aunque aún los basculadores están vacíos. (Fotos del autor)



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