
Camagüey, 29 nov.- Después de seis años sin realizarse de manera presencial el Concurso de Coreografía e Interpretación Solamente solos volvió a escena, esta vez en la Ciudad de los Tinajones, en su XXIV edición.
La última sesión del evento había tenido lugar en La Habana en 2019 y su regreso marca un punto de inflexión para la danza joven en Cuba, que hoy necesita espacios urgentes y constantes para legitimar la creación contemporánea.
Como parte del programa se desarrolló el panel Danza: cómo narrarte en solitario, un encuentro en el que críticos, profesores, periodistas y estudiosos del cuerpo danzante desmontaron mitos, revisaron métodos y analizaron el estado actual del solo como formato coreográfico y como herramienta de autoconocimiento.
Participaron Noel Bonilla, Liliam Chacón, Yuris Nórido y Mercedes Borges, articulando miradas provenientes de la academia, el periodismo especializado y la práctica artística; nutridas, además, por investigaciones del portal www.danzar.cu y del Observatorio Cubano de la Danza, según explicó Chacón.
La pregunta inicial del panel fue directa: cómo se entiende y se construye un solo desde quienes deben ejecutarlo y crearlo. La respuesta, coinciden los panelistas, pasa por un despojo conceptual y un proceso profundo de autoconocimiento artístico.
Bonilla recordó que Solamente solos nació precisamente como un espacio para potenciar la creatividad en solitario, mientras que Chacón insistió en que autocoreografiarse implica dialogar con la memoria corporal y con los referentes simbólicos y psicológicos del movimiento.
Para Borges "el solo ha sido históricamente un refugio para jóvenes artistas que buscan afirmarse dentro de estructuras colectivas", y Nórido enfatizó que este formato constituye una apuesta estilística, nunca un recurso de emergencia, siempre que técnica y discurso se mantengan alineados.
Tras el panel se presentó el documental Nueve solos en mí, que reúne igual número de piezas coreografiadas por destacados creadores e interpretadas por Osnel Delgado. La obra, filmada durante los años de encierro por el Covid-19, se sostiene sobre una estética de cámara en mano y planos cercanos que enfatizan la intimidad del proceso creativo y la capacidad de la danza para resistir incluso en los momentos más precarios.
Aunque la pandemia quedó atrás, la danza cubana continúa enfrentando obstáculos materiales: apagones, falta de espacios estables y afectaciones epidemiológicas asociadas a arbovirosis.
Aun así Camagüey, con su sólida tradición danzaria, funciona como un terreno fértil para revitalizar proyectos como Solamente solos, su permanencia en la región podría fortalecer la investigación, la creación y el cruce entre comunidad, academia y práctica artística integrándose con experiencias previas como el Concurso Fernando Alonso in Memoriam.
Aunque Solamente solos no es competitivo en esta edición, el Teatro Avellaneda acogió un nutrido repertorio de obras que evidencian la diversidad del solo contemporáneo. Estas presentaciones demostraron como su tratamiento sigue expandiéndose en la escena cubana, incluso en tiempos de austeridad.
Acoger el evento en la urbe principeña, ciudad donde el arte del movimiento es parte de la vida cultural, se convirtió en un acto de resistencia colectiva: una afirmación de que a pesar de las carencias el arte puede más; que la danza continúa pensándose desde sí misma, desde el cuerpo que resiste, desde el creador que encuentra en el solo un territorio para contar(se) y reinventarse.
Fotos Jeals Arturo Torres Pérez