Por Rolando Sarmiento Ricart/Colaborador de Radio Cadena Agramonte.
Cuando Estados Unidos puso en “vigor” en 1966 la Ley de Ajuste Cubano, cientos de emigrantes de la Isla habían dejado antes sus “ilusiones” bajo las aguas del estrecho de la Florida por la negativa de visas de la Sección de Intereses. Otros hasta asesinaron y fueron premiados como héroes anticomunistas por secuestrar naves aéreas o marítimas y recibir en el norte miamense el triste aval pies secos y manos manchadas de sangre.
Durante casi medio siglo, los recalcitrantes cubano-americanos han culpado al Gobierno de la Isla de la prohibición de visado hacia USA, cuando toda persona -con dos dedos de frente- sabe que ningún país puede ingresar a otra nación a nadie sin la anuencia del territorio sede.
Sin embargo, para tratar de desestabilizar y exterminar a la Revolución de Castro, EE.UU. y los partidarios de la dictadura de Batista siempre conjugaron la negación máxima del permiso legal con la abundante incitación a escapar en masa por mar de la “represión” que se “vive” en Cuba, y de allá para acá: cuidadito que un ciudadano estadounidense pueda visitar la “Isla del Diablo” para constatar la verdad.
Ahora que Cuba generalizó y simplificó los trámites de viajes a cualquier lugar del planeta que desee recibir a un cubano, y después que Estados Unidos prometió las incumplidas 20 mil visas anuales, los trámites se han convertidos en un bussines para algunos funcionarios de la Sección de Intereses USA en La Habana, como revela la investigación periodística de Néstor García Iturbe, publicada en La Pupila Insomne de Internet, de Iroel Sánchez, y en un dolor de cabeza-boomerang para los artífices y azuzadores de la Ley de Ajuste Cubano.
Por ejemplo, el senador republicano Marco Rubio declaró ante un grupo de editores de periódicos en Washington que pensaba que la ley que desde hace 47 años le otorga a los cubanos un status especial para obtener la residencia permanente en Estados Unidos, debería “volver a examinarse”.
Nacido en Miami de padres cubanos, Rubio -quien aseguró dudosamente durante años que sus familiares llegaron a este país en 1957, en 1958, y en otra ocasión manifestó que en 1959-, acaba de expresar a los grandes medios que: “No critico a nadie que quiera ir a Cuba para visitar a su madre, a su padre, o a su hermano moribundo”, dijo.
“Pero quiero decirles que es muy difícil justificar el status de alguien como exilado y refugiado cuando año y medio después de haber llegado a este país, regresa a Cuba una y otra vez”.
Otros dos cubano-americanos republicanos de la Florida, los furibundos Ileana Ros-Lehtinen y Mario Diaz-Balart, de Miami, también han pedido que se le haga cambios a la ley.
¿Qué está pasando? Muy simple: Que la mentira corre 54 años y la verdad la alcanza en un día. Indudablemente siempre la gente de cualquier país emigró, en su gran mayoría, por mejoras económicas, pero en el caso de Cuba los EE.UU. y sus acérrimos seguidores que sí huyeron de la justicia por crímenes y corrupción, premiaron a quienes siguieron ese ejemplo, y en ese mismo saco metieron a personas honestas que querían la reunificación familiar o ayudar al bienestar de sus seres queridos cercados por el bloqueo USA.
Claro, detrás de la rabia por la farsa descubierta está la merma del negocio contrarrevolucionario que ahora -aunque son más los millones de pesos que Barack Obama destina para la subversión en la Isla- lleva menos “intermediarios miamenses” y eso molesta y, por tanto, precisa de otro Ajuste Cubano.
