Snowden no entiende de miedos

Por Arailaisy Rosabal García/ Colaboradora de Radio Cadena Agramonte.

Edward Snowden es, ahora mismo, el hombre más “famoso” sobre la faz de la Tierra, y no precisamente por ser una celebridad de las artes, la ciencia o el deporte; sino porque sobre él pesan los ojos de la más poderosa dictadura política. Ese ha sido el costo de poner al descubierto las escabrosas interioridades de la Casa Blanca.

El 5 de junio último, en las páginas del diario británico The Guardian aparecieron publicadas evidencias secretas sobre sendos programas de espionaje que propugna Estados Unidos en países como Irán, China, Paquistán y Egipto. Cuatro días después, un exempleado de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, de solo 29 años de edad, reconoce ser quien ha filtrado la información.

Lógicamente, la habitual cacería de brujas no se haría esperar. Las autoridades federales norteamericanas presentaron cargos de espionaje y robo de propiedad del Gobierno contra el joven, cada uno con una pena superior a los 10 años de encarcelamiento.

Pero Snowden no se ha dejado intimidar, y en una reciente entrevista ha dicho que no tiene remordimiento alguno y está muy satisfecho. “No quiero vivir en una sociedad que permite este tipo de actuaciones”.

En esencia, las revelaciones hablan de la existencia de una orden judicial que aprueba la intervención de las llamadas telefónicas y las comunicaciones con extranjeros a través de Internet, por parte de la Policía Federal y la Agencia de Seguridad Nacional, en abierta violación a los derechos humanos.

Dicho programa fue aprobado por George W. Bush en el 2007, y prorrogado el pasado año por su sustituto en la Casa Blanca, Barack Obama. La situación se ha tornado más controversial para Estados Unidos ante la negativa de Microsoft, Yahoo, Google y Facebook de haber autorizado a los servicios de inteligencia norteamericanos a acceder a sus bases de datos.   

Sin embargo, de eso no hablan los medios del país anglosajón. Todo lo contrario: se empecinan en demonizar a Snowden, y para nada, en criticar como corresponde las mentiras y manipulaciones de los diferentes gobiernos estadounidenses. Otra muestra de lo poco seria, responsable, moralizante, que es la prensa de ese país, catalogada por muchos como paradigmática.

Pero, por fortuna, la comunidad estadounidense y la internacional se han puesto del lado de Snowden. Ya suman más de 111 mil las firmas de personas que solicitan al Presidente norteamericano el perdón pleno y absoluto del joven, a quien han llegado a catalogar como “héroe nacional”.

En apenas dos años, por segunda vez alguien burla la seguridad norteamericana.
Primero fue Julian Assange y su sitio WikiLeaks, en el que desclasificó documentos sobre la arbitraria política exterior estadounidense que, cimentada sobre el imperativo de la seguridad nacional, ha hecho y deshecho a su antojo.

Ahora es Edward Snowden, un hombe que no alcanza las tres décadas de vida, pero sí ha tenido el valor suficiente para “declararle la guerra” a la mayor potencia política en todo el mundo.

Lo cierto es que tanto el caso de Snowden como el de Assange ponen en entredicho la falsa consigna de defensores de los derechos humanos que tanto autoproclama Estados Unidos. Lástima que haya tantos ciegos todavía por ahí, aunque ya son menos los que se creen la farsa de la lucha contra el terrorismo.

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