Minas, Camagüey, 3 may.– La creatividad, esa chispa humana que impulsa la innovación, el arte y la capacidad de resolver problemas, encuentra en Ester Rochart Lorenzo, una octogenaria de Minas, un ejemplo vivo. Con su tiempo libre como aliado, esta antigua maestra convierte su hogar en un taller donde los objetos manuales cobran vida.
“Desde joven me gustaron las artes manuales. Primero fui maestra, pero tuve que jubilarme por problemas de salud. Aquí en casa repaso los contenidos con varios alumnos, desde primero hasta sexto grado, y el resto del tiempo lo dedico a hacer portalápices, cubiertas para libros, alfombras, búcaros, flores y otras manualidades”, relata Ester.
Conocida cariñosamente como “la vieja terina” por quienes la rodean, Ester ha hecho del reciclaje un arte. “A la materia prima que muchos desechan —dice señalando los pomos plásticos— yo le doy distintos usos: desde un adorno hasta una caja para cargar mandados.”
Su talento no ha pasado desapercibido. “Las escuelas del territorio me entregan cada año un diploma por mi contribución. No solo por los objetos: por ejemplo, al Círculo Infantil Terroncito de Azúcar llegan juguetes hechos con mis manos. También escribo poesías para las efemérides locales, que los niños y jóvenes recitan”, comenta con orgullo.
Y como buena maestra, no escatima consejos para las nuevas generaciones: “Vivimos momentos complejos, en una nación bloqueada, con carencias de todo tipo. Ser creativos es fundamental para vencer los obstáculos. Todos los que quieran aprender artes manuales pueden acercarse a mi casa; juntos seguiremos creando.”
En un mundo que enfrenta desafíos cada vez mayores, la creatividad se revela como una herramienta esencial para construir soluciones… y, como demuestra Ester Rochart Lorenzo, un futuro mejor, hecho a mano. (Texto y foto: La Voz del Bayatabo)
