Fue el pueblo cubano el demandante. Éramos las víctimas directas de la brutalidad del imperio. Hoy, lo seguimos siendo.
No olvidamos y es nuestro derecho recordarles que los daños humanos se mantienen y se han multiplicado, porque no es poca la saña de quienes siguen respondiendo a la descripción que hicimos el 31 de mayo de 1999, cuando denunciamos «la aplicación, por Estados Unidos, de una brutal política de hostilidad y agresiones de todo género destinada a destruir la Revolución Cubana, reconquistar el país y reimplantar el sistema de dominación neocolonial que durante más de medio siglo impuso a Cuba».
Ese sigue siendo el objetivo que hoy persigue la administración Trump, empujada alevosamente por el secretario de Estado, Marco Rubio. Emplean todo su poderío y hasta amenazan con el militar, porque pretenden que seamos la «ofrenda» para las ostentosas ceremonias del aniversario 250 de Estados Unidos.
Entonces, cuando estaba cerca de concluir un siglo y un milenio, la Sala de lo Civil y de lo Administrativo del Tribunal Provincial Popular de Ciudad de La Habana recibió la Demanda del Pueblo de Cuba al Gobierno de los Estados Unidos por daños humanos.
Hablábamos por los tres mil 478 cubanos fallecidos y los dos mil 099 incapacitados por las operaciones militares, agresiones biológicas, los actos de terrorismo, los sabotajes, las operaciones de bandas armadas y los grupos mercenarios organizados por la CIA, los frustrados intentos de asesinar a Fidel y otros líderes de nuestra Revolución, el espionaje, las campañas mediáticas, sicológicas y, por supuesto, la guerra económica del bloqueo.
Era la reclamación de la Central de Trabajadores de Cuba, la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños, la Federación de Mujeres Cubanas, la Federación Estudiantil Universitaria, la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media, la Organización de Pioneros José Martí, los Comités de Defensa de la Revolución y la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana. Del pueblo todo y diverso clamando por La Coubre, El Encanto, Girón, el dengue hermorrágico, el crimen de Barbados… y mucho más.
Las pruebas irrebatibles presentadas durante 21 días, estaban, incluso, documentadas en sus propios archivos, como el «Programa de Acción Encubierta contra el Régimen de Castro», aprobado el 17 de marzo de 1960, por el entonces presidente de EE.UU., Dwight D. Eisenhower, quien le dejó de herencia a John F. Kennedy la invasión mercenaria por Playa Girón, y en el «Proyecto Cuba»; y las 32 tareas de guerra ejecutadas en la Operación Mangosta, presentada el 18 de enero de 1962 por el general de brigada Edward Lansdale, célebre ya por su siniestra ejecución en Filipinas y en Vietnam.
Había mucho dolor acumulado, sufrimientos y penurias provocadas por el terrorismo de Estado de EE.UU. contra Cuba y su pueblo, que pedía y exigía justicia. El 2 de noviembre de 1999 se dictó sentencia, avalada en un documento de más de cien páginas.
El Tribunal Popular Provincial de Ciudad de La Habana, el 5 de mayo de 2000, dictaminó que el Gobierno agresor de Estados Unidos debía indemnizar al pueblo cubano con el pago único de 181 mil 100 millones de dólares y, además, exhortaba al Gobierno estadounidense «a que públicamente se retracte por el daño moral del que han sido objeto tanto los familiares como las víctimas de los hechos narrados en esta demanda».
Ninguno de esos reclamos fue cumplido por Estados Unidos, representado en aquel momento histórico por el presidente Bill Clinton, quien, en 1996, había firmado la Ley Helms-Burton, instrumento que reforzaba y codificaba la guerra económica que se nos sigue haciendo.
La Demanda del Pueblo de Cuba continúa vigente. Los daños y perjuicios causados por el bloqueo ascendían, en aquella fecha, a 67 mil 093.2 millones de dólares, y el causado por las agresiones se elevaban a 54 mil millones de dólares, para un total superior a 121 mil millones de dólares estadounidenses. El infame bloqueo, formalmente iniciado en 1962, sigue vigente y ha sido intensificado. Durante 64 años se han acumulado perjuicios materiales y humanos por 170 mil 677.2 millones de dólares.
Este 31 de mayo vemos multiplicados los daños, amarguras, pesadumbres y privaciones por el bloqueo total del combustible, que se nos niega para cortarnos la energía y paralizarnos como país; sufrimos la carencia de medicamentos, y se deteriora por falta de insumos nuestro sistema de salud, lo que cuesta vidas humanas.
Las marcas son imborrables, y también la determinación de ahora ante el crimen que se comete contra Cuba, que es un acto de verdadero genocidio, y el principal obstáculo para nuestro desarrollo. La voluntad de este Archipiélago sigue siendo la de hace 27 años, y es la misma que nos legó Maceo en Baraguá: firmeza en la defensa de nuestro derecho a vivir como pueblo, de nuestra Patria y de nuestra soberanía. (Fuente: Juventud Rebelde)
