La salud humana es esencial, pero su sostén no depende únicamente de formulaciones químicas, o de la práctica sistemática de ejercicios físicos.
Aun cuando ciencia y tecnología están totalmente dispuestas para su preservación, hay ciertos descuidos que pueden arruinar todo el andamiaje montado para proteger la vida.
En los últimos tiempos, se ha tornado muy normal la conversión de cualquier espacio público en asiento de desechos. Claro, todo tiene su origen en una sensible reducción de su recogida, complejizada por una amalgama de problemas de variada factura.
Es imposible suponer que pueda mantenerse una adecuada higiene ambiental, si los mecanismos institucionales no disponen de una infraestructura sostenible en la eliminación de los desechos generados en los hogares, o centros de servicio.
Y, por supuesto, al existir esas anomalías, las personas buscarán el primer espacio «disponible» para deshacerse de la basura acumulada.
Ahora bien, las deficiencias existentes en la evacuación de los residuales sólidos, no es patente de corso para transgredir normas de convivencia ciudadana y, mucho menos, lanzar los desperdicios hacia lugares que pueden acarrear trastornos epidemiológicos.
Los ejemplos sobran. En un verdadero y olímpico gesto de indisciplina, muchas áreas donde apenas concluye su limpieza, pierden esa condición. En cuestión de unas pocas horas, todo el esfuerzo desplegado cae en “saco roto”.
Es un triste espectáculo, apreciar infinidad de macro y micro vertederos en una ciudad que siempre mostró sus calles y barrios con aceptable pulcritud. Hasta en arterias y zonas de alto tránsito ha llegado ese desorden.
Tal parece que existen quienes pretenden desafiar las normas de convivencia, y buscan cualquier pretexto para incentivar el desorden, en cualesquiera de sus expresiones sin importarles mucho sus consecuencias.
Son hechos inadmisibles y, por consiguiente, requieren de acciones de control, pues esos sucesos ponen en riesgo, en verdadero riesgo, a cientos, miles de personas, pues al existir lentitud en su eliminación, aparecen entonces desde mosquitos hasta roedores.
No se irreconoce la realidad: los servicios comunales no tienen capacidad suficiente para resolver la problemática vigente, y tampoco se dispone del combustible necesario en el propósito de disminuir las cargas contaminantes existentes.
Algunas variantes se han buscado, pero evidentemente se requieren de otras en el interés de que no sean soluciones pasajeras, que permitan ir hacia una recuperación gradual, toda vez que la acumulación persiste y es cada vez más preocupante.
La solución ideal no se tiene, al menos, por el momento. De lo que se trata, es de sensibilizar a la población en el sentido de impedir la creación de focos de desechos, por los peligros que eso acarrea.
No hay salud humana que pueda burlar la falta de salud ambiental. Pensemos en eso, y se tendrá despejada una variable que es directamente proporcional…
Es un asunto de alta sensibilidad. Y como tal debe enfrentarse.
Y sin demoras. (Texto: Gilberto Rodríguez Rivero/Radio Cadena Agramonte/Caricatura: Tomada de www.artemisadiario.cu)
