La Habana, 15 oct.- La guerra contra Cuba no es una suma de agresiones aisladas, es un sistema que la literatura de inteligencia estratégica conceptualiza como una ecuación del caos, una operación perfectamente sincronizada, donde el estrangulamiento económico produce el descontento material, y la guerra cognitiva se encarga de dirigir ese descontento hacia el blanco político deseado.
Presenciamos la lógica operativa en acción de una guerra no convencional, multiforme o híbrida como algunos especialistas todavía prefieren llamarla, pero que por su carácter polifacético dejó atrás experiencias anteriores.
El miembro del Buró Político y ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla, denunció en 2021 cómo una sola cuenta, localizada en España, pero operada desde EE. UU., publicó más de mil tuits en dos días, a razón de cinco retuits por segundo.
También se documentó recientemente el uso de granjas de trolls, o sea, usuarios que coordinan decenas de cuentas falsas, y la modificación de geolocalización para simular que los mensajes partían de territorio cubano.
Los enjambres de IA, los bots ya no son programas simples que repiten mensajes, han evolucionado a enjambres de IA que interactúan, se adaptan y evolucionan para crear la ilusión de un consenso sintético.
Hay que sumarle a esto que la ia generativa permite crear videos –hablamos de los deepfakes hiperrealistas– donde, por ejemplo, ancianos y jóvenes cubanos, con voces y rostros sintetizados, piden la intervención de EE. UU. en Cuba.
Verificartve comprobó que los videos «virales» tenían un 99,6 % de probabilidad de haber sido creados con Sora 2, el modelo de Openai. Otro caso documentado fue un noticiero alterado con IA que informaba falsamente sobre la anexión de Cuba a México.
En ese orden de cosas, la microsegmentación de audiencias permite diseñar narrativas específicas para la ama de casa en La Habana, el joven trabajador del turismo en Varadero o el ingeniero en Holguín.
En la guerra cognitiva contra Cuba se utilizan modelos de lenguaje avanzado (LLM) para generar desinformación personalizada a escala masiva. En lugar de un mensaje único, se crean miles de versiones de una misma mentira, adaptando el léxico, el tono y el enfoque emocional para resonar con la frustración específica de cada grupo demográfico.
A un ama de casa en La Habana, el enfoque de la desinformación va dirigido a explotar la ansiedad por la escasez, la inflación y el bienestar familiar y para lograrlo utilizan un tono coloquial y cercano, centrado en el día a día del hogar.
Un ejemplo de mensaje personalizado sería «¿Otra vez sin pollo ni aceite en la bodega? No es casualidad. Mientras tú haces milagros para alimentar a tus hijos, ellos guardan lo mejor para los turistas. Comparte esto con tus vecinas para que sepan la verdad».
Ahora dirigido a un ingeniero, se orienta a la frustración profesional por la falta de recursos, la precariedad técnica y la fuga de talento. En este caso se utiliza un tono más técnico y analítico, apelando a la lógica y a la pérdida de prestigio.
«Con un título de ingeniero y no puedes ni reparar el motor de tu propio carro por falta de piezas. El país se cae a pedazos y los que saben se van. No es un problema de recursos, es de prioridades. Un sistema que no valora el conocimiento está condenado a la mediocridad».
A un joven trabajador del turismo en Varadero, apelan a la frustración por la diferencia entre la realidad que ve (turistas con dinero) y su salario. Usa un lenguaje más directo y cínico, con referencias a la falta de futuro.
«Aquí te partes el lomo por 20 dólares al mes, viendo cómo los extranjeros se gastan eso en una cena. Y encima te dicen que es ‘por el bloqueo?. La verdad es que a ellos no les importa tu futuro. ¿Hasta cuándo vas a aguantar?».
El objetivo no es solo convencer de una falsedad, sino sembrar la duda y erosionar la confianza en las instituciones y en las propias percepciones de la población.
Algoritmos que procesan el sentimiento en redes sociales y foros cerrados, detectan los picos de cansancio emocional, y activan las campañas de amplificación precisamente en los momentos de máxima fragilidad. La IA no solo ataca; espera el momento óptimo para atacar.
Por otra parte, la diferencia de recursos es abrumadora en un sentido que va más allá de lo tecnológico. Cuba no solo enfrenta una potencia con más dinero y más tecnología, enfrenta una potencia que controla la infraestructura sobre la que se libra la batalla.
El resultado es una asimetría también en la geopolítica del conocimiento pues los algoritmos que amplifican o entierran contenido son propiedad de corporaciones estadounidenses. Desde Florida, España y otros lugares se dirige información tergiversada que amplifica los problemas del país, mientras que a los contenidos defensivos que se producen localmente los entierra el algoritmo.
LA RESPUESTA CUBANA: SOBERANÍA TECNOLÓGICA Y COGNITIVA
Un pequeño país bloqueado no puede competir en volumen de recursos. La estrategia no es simétrica, sino asimétrica en el otro sentido: apuesta a variables cualitativas, no cuantitativas.
En el v Coloquio Internacional Patria se apostó por «unificar esfuerzos en una ofensiva comunicacional liberadora y de soberanía tecnológica», impulsando una red Sur-Sur de herramientas de IA y la creación de redes sociales soberanas.
No se trata de demonizar las redes sociales, sino de «aprender a usarlas y controlarlas a su favor», porque la defensa contra la manipulación no es solo tecnológica; es cognitiva. Un pueblo que sabe reconocer un deepfake es menos vulnerable que uno que no.
Nada de esto es automático, hay tres tensiones reales, una es la brecha entre discurso y la capacidad de los medios públicos cubanos que carecen de la infraestructura y los soportes materiales y humanos para hacer frente a una guerra comunicacional de ese calibre; la voluntad política existe; los recursos, no siempre.
Segunda, el riesgo del aislamiento, la tentación de cerrar el acceso a plataformas extranjeras es contraproducente, la estrategia más inteligente es la que Cuba ya ensaya, presencia en las redes, no huida de ellas, y la tercera es la trampa de confundir la crítica interna con guerra cognitiva, la guerra cognitiva es real, pero no todo descontento es fabricado.
¿Cómo enfrentar entonces la asimetría? No igualando recursos, porque eso es imposible. La respuesta es desplazar el terreno de la confrontación. La potencia hegemónica gana en volumen, velocidad y alcance algorítmico, Cuba no puede ganar ahí, pero puede ganar en verdad verificable, en contacto directo, en credibilidad de base.
Un deepfake se desmonta con un video real, una granja de bots se contrarresta con comunidades humanas reales, una narrativa de colapso se responde mostrando lo que funciona y lo que no funciona.
Por eso la asimetría no es solo una desventaja, la potencia que necesita fabricar consenso sintético con ia es una potencia que no tiene consenso real, quien necesita granjas de bots para simular apoyo es porque no tiene apoyo espontáneo. Esa es la contradicción interna del agresor.
La Isla rebelde no resiste porque sea invulnerable, resiste porque ha sabido convertir la desigualdad de medios y recursos en una posición moral y una práctica de soberanía, no depender de la infraestructura del adversario, no creer en sus narrativas, no rendirse a su lógica.
No es un misterio, es una estrategia, con sus aciertos y sus fallas, librada en condiciones de desventaja extrema. (Texto y foto: Granma Digital)
