El colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco, México encontró un amplio crematorio clandestino con restos humanos, en una finca que también servía para entrenar a los jóvenes que los cárteles del narcotráfico reclutan de manera forzada.
Rancho Izaguirre, sitio de reclutamiento y exterminio, describieron los activistas de derechos humanos el lugar al que llegaron gracias a llamadas anónimas. En ese sitio descubrieron listas con los apodos de los presuntos miembros de las organizaciones criminales que operaban para torturar y asesinar a personas que secuestraban.
