Las buenas acciones siempre sensibilizan a las personas, pero cuando las protagoniza un animal, sorprende a todos, porque según se ha dicho, ellos no poseen esa cualidad suprema que distingue a los seres humanos: el raciocinio.
Quizás Linda no razone, pero sus gestos de “humanidad” asombran a todos los habitantes y visitantes de ese barrio de la Ciénaga de Zapata, en la provincia de Matanzas, desde que decidió amamantar a varias crías huérfanas.
Por azares de la vida su camada se duplicó, y a sus seis cachorritos se sumaron seis cerditos. La prole cuenta con la misma cantidad de hembras y varones: tres por cada bando, y todos tienen el mismo apetito voraz.
Mas Linda no rechaza a ninguno, se tira en el suelo, cierra los ojos, y las crías se prenden a sus mamas como si el tiempo se les acabara, pero la dócil perrita apenas gruñe.
Cuenta Ignacio Estévez, más conocido por Nacho y dueño del “rebaño”, que esa actitud samaritana de la perra quizás la heredó de su abuela, quien en el pasado también se hizo cargo de un cerdo huérfano. (Tomado de Cubadebate/ Con información de Arnaldo Mirabal/ Periódico Girón)
