Camagüey, entre tinajones y tejados

Camagüey es conocida en toda Cuba y más allá de las fronteras nacionales como la Ciudad de los Tinajones. La presencia casi masiva de esos recipientes -descendientes de la vasija andaluza- en los patios de las casonas coloniales, los convirtieron en símbolo por excelencia de esta suave comarca de pastores y sombreros.

A la altura de casi cinco siglos, son pocos los que han sobrevivido el paso del tiempo; actualmente apenas quedan unos dos mil 500 de los originales. Muchos de los que encontramos hoy a nuestro paso por la ciudad son de reciente fabricación, pero en esencia conservan una voluminosa panza, líneas geométricas delimitadas y una cresta destacada.

Según leyendas, muchos donjuanes pueblerinos lo usaban como escondite cuando eran sorprendidos en pleno romance; pero la más universal de todas es la que asegura que todo el que beba agua de tinajón, se ata a Camagüey.

Pero en esta ciudad no solo el tinajón tiene tradición. También los techos rojos de tejas de barro son un símbolo. Basta subir a algún punto alto para descubrir cómo, pese al tiempo, persisten impetuosos.

En el siglo XVI, según información del investigador Jorge Juárez Cano en el tomo I de Apuntes de Camagüey, “la villa tenía un tejar de buena apariencia”, que creció en los años posteriores.

Tanto los tinajones como las tejas rojizas de barro encontraron en esta ciudad materia prima de buena calidad y suelos arcillosos para su confección.  (Redacción Digital) (Fotos: Rachel García)

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