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Radio Cadena Agramonte emisiora de Camagüey

Venezuela, Estados Unidos, Nicolás Maduro, ataque, bombardeos

Si la guerra llega a tu vecino, también toca a tu puerta


El Gobierno de Estados Unidos ya no hace sombra, ahora ejecuta su plan de guerra contra Venezuela

Como quien aprendiera demasiado bien las lecciones de la historia más sombría de Nuestra América, un colega reflexionaba hace unos meses sobre la posibilidad de que Estados Unidos solo "especulara" con Venezuela, que le "hacía sombra" como estrategia de presión. Yo me incluyo entre quienes, deseando lo mejor para esta región, también quisimos creer que esa sombra, esa tensión prolongada durante meses, no se materializaría en fuego. 

Para quienes pensaban que la invasión era una opción válida o inevitable, los hechos de esta madrugada son una confirmación brutal de lo que realmente significa: "La guerra nunca es una opción. Y a los que creen que sí, yo pregunto, ¿quieren, acaso, consecuencias impredecibles en su vida? ¿Le da igual perder a su familia? ¿Ver en llamas el lugar en el que se crió de niño, su tierra madre, fértil o no, no le causará nostalgia luego?"

La "sombra" que comenzó a proyectarse en agosto de 2025 con el despliegue de buques de guerra, portaaviones y miles de soldados frente a las costas venezolanas, culminó, (dicen algunos medios, yo diría que recién comenzó) esta madrugada del 3 de enero con explosiones en Caracas, Miranda, Aragua y La Guaira, y con el anuncio de Donald Trump de la captura del presidente constitucional Nicolás Maduro. 

Especulación o no, lo que el gobierno venezolano denuncia, con razón, como una gravísima agresión militar y una violación flagrante de la Carta de la ONU, se enmarca en el patrón histórico del intervencionismo estadounidense, ahora justificado bajo la retórica de la lucha antidroga para perseguir su objetivo real.

La respuesta desde Cuba, por supuesto, no se ha hecho esperar. El presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez condenó de inmediato lo que calificó como un "criminal ataque" y un acto de "terrorismo de Estado" contra el pueblo venezolano y contra la idea de una América Latina como zona de paz. Su posición y la de un país que conoce el bloqueo y la amenaza imperial en carne propia, no es una declaración diplomática simplista y propias de un discurso hueco, como ya algunos injurian, sino el reflejo de una hermandad a toda prueba, de una solidaridad construida en años de cooperación y lucha compartida contra la injerencia extranjera.

Decir que el futuro de nuestro hemisferio no puede ser la guerra armada, gente, no es una consigna, por favor, activen las neuronas, es un razonamiento lógico y un principio básico de supervivencia.

No por gusto, a lo largo y ancho de la región, voces de peso se han alzado contra esta acción unilateral que amenaza con sumir a Latinoamérica el caos. Brasil advirtió que esto "sienta un precedente extremadamente peligroso" y "recuerda los peores momentos de la interferencia" en América Latina. Chile, México y Colombia hicieron un llamado urgente a la desescalada, al diálogo y al respeto al derecho internacional, en contra del uso de la fuerza. Incluso países como Rusia han condenado el ataque, reclamando que América Latina debe permanecer como una zona de paz y que Venezuela debe tener el derecho a determinar su propio destino.

Esta condena generalizada demuestra lo evidente, no estamos defendiendo un hombre o un gobierno específico, tiritamos de miedo y rogamos por la defensa del principio sagrado de la soberanía nacional. Estamos fedendiendo a la humanidad y sus derechos. Rechazamos la lógica imperial de que un presidente extranjero pueda, bajo pretextos fabricados, bombardear una capital soberana y montarle un altar al caos en este zona del mundo.

Como advertía el colega, hay que sepultar el discurso de quienes, desde la comodidad de la distancia o el privilegio, prefieren la guerra y la intervención extranjera. Su pacotilla pseudo-intelectual es peligrosa. Tergiversan la realidad hasta convertir la defensa de la soberanía en un acto de complicidad, y la agresión, en una política exterior legítima.

Hoy, con bombas cayendo sobre Caracas, las consecuencias de su retórica están a la vista. Personalmente, aconsejo ir tomando notas del caso Venezuela, a ver cuánto nos gusta para nosotros mismos las repercusiones de tal asalto.

La guerra nunca es una opción. Que quede claro. La guerra extinguirá los pocos bienes defendibles que nos quedan, materiales o no, la soberanía, la autodeterminación, la paz y la dignidad del pueblo. (Texto: Chelsea Martínez Riera/estudiante de Periodismo) (Foto: Internet)


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