
Mantener la paz global no es solo la ausencia de conflictos armados, es la base fundamental sobre la cual se construye el progreso humano, la justicia y el bienestar. En un mundo cada vez más interconectado este es el único camino viable para enfrentar los grandes desafíos.
La guerra y la inestabilidad son los mayores enemigos de la prosperidad. Cuando hay fraternidad los recursos que se destinarían a armamento pueden invertirse en la educación, la salud e infraestructura. Ninguna economía puede florecer, ni ninguna sociedad erradicar la pobreza si vive bajo el temor constante de la violencia.
La paz es la garantía necesaria para que los derechos fundamentales sean respetados. En contextos de conflicto los más vulnerables, niños, mujeres y ancianos, sufren las peores consecuencias. Mantener la unión internacional es, en esencia, un acto de humanidad y protección de la vida.
Problemas como el cambio climático, las pandemias o la inseguridad alimentaria no respetan fronteras. Para resolverlos se requiere una colaboración global que solo es posible en un clima de confianza y diálogo.
La verdadera paz no se impone, se cultiva a través de la empatía y la tolerancia. Fomentar una cultura de armonía significa elegir la diplomacia sobre la fuerza y entender que las diferencias culturales son una riqueza, no una amenaza.
La paz es una responsabilidad compartida que comienza con el respeto en las comunidades y se extiende hasta las decisiones de las grandes naciones. Sin ella, el futuro es incierto; y con ella, las posibilidades de la humanidad son infinitas. (Texto: Annelys Acosta Vázquez/Radio Nuevitas) (Foto: Internet)