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Venezuela, Nicolás Maduro Moros, Donald Trump, estados Unidos, petróleo

El “discurso imperial” sobre Venezuela


Por disímiles causas Venezuela ha sido alusión obligada, directa e indirectamente, en los últimos tiempos. La retórica agresiva de los halcones de la Casa Blanca, tejiendo un entramado de terror y misterio alrededor del presidente constitucional Nicolás Maduro Moros, buscaba descaradamente un paquete de pretextos para “justificar” cualquier variante de ataque.

El pasado 3 de enero en una operación “quirúrgica” extrajeron al mandatario del Palacio de Miraflores, dejando tras sí una estela de dolor y muerte, entre ellos a más de una treintena de colaboradores militares cubanos.

Muchas versiones atiborran las redes y los medios de prensa sobre si el operativo tuvo complicidad interna, pues los mecanismos de respuesta no funcionaron pese a la existencia de protocolos de seguridad bien diseñados.

Tal vez en un momento posterior se tenga más claridad en todos los detalles, aunque algunas decisiones emergentes adoptadas por la nueva titular, Delcy Rodríguez, evidencian que hubo actividad de inteligencia norteamericana con anuencia de altos cargos militares venezolanos.

Mientras Donald Trump, envalentonado por su supuesto “éxito” en la operación, no se ruboriza al declarar públicamente que sus principales hombres, Marco Rubio, por ejemplo, son los que deciden la actual vida política en el país bolivariano.

Como le es usual intenta atemorizar a la actual dirección venezolana al decir que de no cumplir las directivas emitidas desde Washington pudieran sufrir un golpe peor al ejecutado días atrás.

El intento por descabezar al chavismo no ha funcionado tal como ellos lo previeron. Pensaron en primer momento que sacar a Maduro del camino sería suficiente para resquebrajar la unidad de las fuerzas progresistas, sin embargo en las calles, mayoritariamente, sucede lo contrario: apoyo el proyecto social.

Durante meses Trump y su camarilla comenzaron a acusar a Nicolás Maduro de ser el líder del Cártel de los Soles (ya se descubrió su inexistencia), que según ellos se encargaba de introducir drogas en los Estados Unidos y eso laceraba su seguridad nacional.

Y entonces comenzó a moverse la maquinaria de guerra hacia el Caribe con medidas adicionales para cerrar el cerco sobre Caracas. El mandatario norteamericano ordenó desplazar a algunos de sus principales medios bélicos en un ejercicio de prepotencia manifiesta.

Pero el bravo pueblo de Venezuela no se dejó amedrentar. Llegó, eso sí, también el respaldo de aliados como Rusia, Cuba, China e Irán. El clamor internacional exigía la no intervención y algunos países estuvieron a favor de una salida negociada.

La élite gubernamental norteamericana dice que ellos asumen ahora el control sobre el petróleo venezolano, la verdadera razón de toda esa ingeniera informativa montada sobre un país cuyas reservas de combustible son de las mayores del mundo.

Llevado ante un tribunal en Nueva York el presidente Maduro Moros ratificó su inocencia, y tan es así, que la Fiscalía ha debido retirar cargos como el de liderar una organización narcoterrorista por falta de pruebas.

Incluso, ante la flagrante violación del derecho internacional, analistas consideran que el caso pudiera derivar hacia la liberación del mandatario y su esposa Cilia Flores.

Por supuesto, es impensable tener una certeza de hacia dónde se moverá esta “payasada” del gobierno de Estados Unidos.

No hay dudas de cuál es el mensaje que quiso trasmitir Donald Trump y su camarilla fascista, en su intento por renacer la Doctrina Monroe. Los tiempos son otros, aun cuando en su discurso imperial sobre Venezuela pretendan ignorarlo olímpicamente. (Texto: Gilberto Rodríguez Rivero/colaborador de Radio Cadena Agramonte) (Foto: Internet)


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