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Honduras, EE.UU, fraude electoral

Honduras: Lucha contra el fraude electoral


Honduras, 11 ene.- No sé si Donald Trump ordenará una invasión a Honduras o le cortará el suministro de remesas familiares a millones de hondureños ante la decisión unánime del Congreso de la nación centroamericana de ordenar al Consejo Nacional Electoral que cuente los votos no contados en las elecciones presidenciales del 30 de noviembre del 2025, lo cual amenaza la imposición del candidato del Imperio, Nasry Asfura, ese que llaman Tito o Papi a la orden, acusado de lavado de dinero y a quien sindican estar ligado al narcotráfico.

Eso ha desatado una tormenta política en el Partido Nacional, entidad ligada al expresidente Juan Orlando Hernández -el narcotraficante convicto amnistiado por Trump- y protagonista de por lo menos tres fraudes electorales en época reciente, que ha pedido la encarcelación del presidente del Congreso, Luis Redondo.

La medida busca anular la declaratoria electoral del 30 de diciembre y pone al Legislativo y al órgano electoral en una ruta de colisión directa.

Un decreto obliga al CNE a reabrir el escrutinio de 4 774 actas (más de un millón y medio de votos potenciales) que estaban en el limbo. El argumento: el proceso no concluyó y hubo "escrutinio no realizado". 

El Fundamento es el Artículo 205 de la Constitución, que da al Congreso esa facultad "cuando el CNE no lo hubiere hecho". Los diputados dicen que ese "cuando" es AHORA. El diputado Ramón Barrios lo admitió: "Consultamos al pueblo si confiaba en los resultados. La respuesta fue NO". Esto va más allá de una disputa legal; es el síntoma de una democracia herida por la desconfianza.

Las elecciones generales del 30 de noviembre de 2025 se celebraron en un contexto de tensión sin precedentes. El gobierno de Xiomara Castro (LIBRE, de izquierda) enfrentaba múltiples problemas, mientras que el Partido Nacional, reagrupado bajo la figura de Asfura, buscaba el retorno al poder con el respaldo explícito de sectores conservadores de Estados Unidos, alineados con la figura de Donald Trump. Por otro lado, el Partido Liberal, también conservador, revitalizado por la incorporación de Salvador Nasralla, buscaba romper la polarización.

La jornada electoral estuvo marcada por fallas técnicas generalizadas en los sistemas biométricos, lo que obligó a recurrir al voto manual en vastas zonas del país, abriendo la puerta a la suplantación de identidad, un viejo vicio del sistema hondureño.

Los resultados preliminares mostraron una contienda cerrada. Inicialmente, Salvador Nasralla encabezó el conteo, pero tras una interrupción en la transmisión de datos —un eco siniestro del 2017 a favor de Juan Orlando Hernández —, Nasry Asfura emergió con una ventaja estrecha.

¡SORPRESA!

Aunque generalmente la Organización de Estados Americanos avala lo peor para los pueblos, y en esta ocasión también no fue del todo clara, expresó señales de honestidad ante el descaro del conteo de votos.

Saliéndose de lo habitual, a diferencia de procesos anteriores donde el lenguaje diplomático suavizaba las críticas, la Misión de Observación Electoral de la OEA emitió un informe lapidario que confirmó la existencia de “fraudes eficientes” y una “manipulación deliberada” de la infraestructura tecnológica. El jefe de la misión señaló indicios de dolo en la alteración de actas digitales y la vulneración de la cadena de custodia.

El informe detalló cómo scripts maliciosos insertados en el software de transmisión redirigieron votos de la oposición hacia el candidato oficialista en distritos clave. Ya no se trataba de “inconsistencias”, sino de un crimen electoral cibernético organizado.

En una acción sin precedentes, la presidenta Xiomara Castro, denunciando un “fraude monumental” contra la voluntad popular (que afectaba también a su candidata Rixi Moncada, relegada al tercer lugar), declaró públicamente la nulidad de las elecciones generales. Pero el Ejecutivo no pudo hacer válido el justo reclamo.

También fracasaron impugnaciones de Nasralla, quien llamó a la insurrección pacífica, denunciando el robo orquestado por la alianza entre sectores del nacionalismo y agentes externos.

SOSPECHAS FUNDADAS

Aquí pudiera hacerse un recuento histórico de como el fraude ha sido una constante en el ejercicio electoral en Honduras, salvo en los comicios del 2021, ganados por Xiomara Castro.

Pero preferimos por el momento a señalamientos que demuestran la actuación sucia de quienes en esta ocasión tenían la facultad de declarar al ganador presidencial.

En las elecciones del 30 de noviembre hubo fraude y audios al respecto demostraban la complicidad de consejeras electorales con el Partido Nacional. Una de ellas afirmó públicamente que el conteo voto por voto no podía garantizar nada, lo cual confirmó, sin quererlo, que ha hecho trampa.

Además, ¿no es sospechoso que el voto rural -con el que gana el candidato de Trump- aparezca con el 85% de la participación nacional?

Ahora, además del malhumor de Trump, domina la preocupación de la élite que no tiene que ver ni es parte del pueblo, pero lo usa y explota.  (Tecto y Foto: Arnaldo Musa/ Cubasí)


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