
EE.UU, 20 ene.- Donald Trump ha lanzado a los países europeos un decisivo ultimátum en relación a Groenlandia: o no se oponen a su adhesión a EE.UU. o se enfrentarán al poder de aranceles comerciales adicionales, escribe Fiódor Lukiánov, redactor jefe de la revista Russia in Global Affairs, en un artículo para Kommersant.
No se trata del primer ni seguramente el último ultimátum del presidente estadounidense. "Últimamente ha lanzado varios contra Rusia, muchos de los cuales fueron olvidados discretamente. En ese sentido, el viejo chiste encaja a la perfección: Trump es un hombre de palabra. Da su palabra y luego se retracta", señala el experto.
Sin embargo, ahora la situación parece ser distinta. Trump no tan solo siente una fuerte irritación hacia los países de Europa occidental, sino que también considera que la Unión Europea "se lo debe todo a Washington" y es incapaz de "lograr nada serio sin el patrocinio estadounidense", destaca.
¿Pero por qué Groenlandia atrae tanto a Trump, hasta convertirse en el principal punto de interés de Washington? Primero, "la vanidad", explica Lukiánov. De acuerdo con el experto, Trump "quiere pasar a la historia como el presidente que convirtió a Estados Unidos en el segundo país más grande del mundo en términos de territorio".
Por otro lado, es plenamente consciente del alto valor estratégico de la isla, teniendo en cuenta las riquezas y las oportunidades de competencia que ofrece el Ártico. "En principio, Washington puede obtener lo que quiera del Gobierno danés, solo tiene que pedirlo", indica. Pero Trump no piensa como un diplomático. Su instinto se asemeja al de un "promotor inmobiliario": es más seguro ser propietario que alquilar, señala Lukiánov.
Y por lo último, también desempeña un papel importante el deseo de Trump de mantener a las potencias europeas fuera del hemisferio occidental. El hecho de que Groenlandia, ubicada a miles de kilómetros de Copenhague, permanezca bajo la soberanía danesa no encaja en su modelo del mundo.
Las ideas y acciones de Trump no pueden pasar desapercibidas para la OTAN, lo que obliga a la Alianza a tomar decisiones que podrían no estar a su alcance. "La sola idea de que la OTAN pueda algún día dejar de existir resulta abrumadora", destaca el experto. No obstante, esa idea no es irreal, teniendo en cuenta que "históricamente no hubo un 'Occidente político' unificado hasta la segunda mitad del siglo pasado". Surgió en condiciones que ya no existen con la misma forma, recuerda.
La desaparición de la OTAN no tiene que ocurrir mañana, ya que la idea de que la Alianza es innecesaria no es la predominante en EE.UU., además de que Europa occidental sería incapaz de crear rápidamente un organismo que la sustituyera, y más aún sin el apoyo estadounidense. "Es probable que la OTAN perdure, simplemente porque las grandes instituciones poseen impulso e inercia. Pero si todas las instituciones de la segunda mitad del siglo XX están en una profunda crisis debido a un cambio cualitativo de la situación, ¿por qué debería la OTAN ser la excepción?", concluye Lukiánov. (Texto y Foto: Cubasí)