Nelson Mandela, luchar por la igualdad en Sudáfrica, derechos, política de segregación racial “apartheid”

Nelson Mandela, un símbolo de libertad y justicia


Por Olga Pardo San Román/Radio Cadena Agramonte

Este 5 de diciembre se apagó una luz que iluminó por 95 años el mundo, haciendo de él un lugar más justo y equitativo.

El hombre que dedicó su vida a luchar por la igualdad en Sudáfrica, para que sus hermanos de raza tuvieran los mismos derechos que los blancos; el que pudo, desde la oscuridad de la celda donde lo tuvieron retenido por casi tres décadas, derrocar la política de segregación racial “apartheid”, ya no está físicamente entre nosotros.

Nelson Mandela deja tras sí una estela de logros casi increíbles para alguien nacido en el país africano a inicios del siglo XX.

Una nación  donde existían zonas exclusivas para blancos, y quienes no pertenecieran a esa raza, en el poder, no podían votar, afiliarse a sindicatos, administrar empresas o, sencillamente, enamorarse y formar una familia con alguien de otro color de piel.

“Madiba”, como lo llamaban cariñosamente en su país de origen, fue el primer presidente negro de Sudáfrica elegido democráticamente a través del sufragio universal, y a lo largo de su vida recibió más de 250 premios y reconocimientos internacionales.

Premio Nobel de la Paz en 1993, la resistencia de Mandela, que soportó 28 años tras las rejas, denunciando siempre la injusticia y desigualdad reinantes en su nación, lo convirtieron en un símbolo ante el mundo.

El abogado sudafricano, el mismo que fundara el primer bufete conformado solo por letrados negros, y para defender a sus hermanos, de bajos recursos;  el líder indiscutible, primero de la resistencia pacífica, y luego llamando a las armas con la formación del comando “La lanza de la nación”, ya no está entre nosotros.

Deja una Sudáfrica un poco más justa, pero donde todavía falta mucho por hacer para desplazar por completo al racismo, instaurado aún en el inconciente colectivo.

El prisionero número 466/64 de la isla de Robben, figura legendaria que representó, durante sus muchos años de encierro, la falta de  libertad de todos los hombres negros sudafricanos, paradójicamente, se convirtió en el mayor símbolo de aquello que no tenía y conquistó para sí y para muchos otros, al derrocar al apartheid en 1992.


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