Por Dainerys Torres Núñez/ Radio Cadena Agramonte.
Hay personas que trascienden en la vida por sus grandes descubrimientos, proezas o aportes a la sociedad. Sin embargo otros resultan conocidos porque llevan en sí toda la experiencia y sabiduría que solo los años son capaces de albergar.
Cuba es uno de los países de América Latina con las más altas tasas de envejecimiento poblacional. En cada una de las ciudades y pueblos del archipiélago existen personas que se han convertido en verdaderos historiadores del tiempo.
Rostros surcados por la huella del calendario, ojos que guardan la vivacidad de la lozanía y cabellos sin escapatoria a la pureza de su color, se encuentran también en el camagüeyano municipio de Sibanicú.
Julio Pío Ramón Gómez puede resultar un desconocido para muchos de los habitantes de este territorio; sin embargo Pío Borrás, como se le conoce, parece nombre legendario como de alguien que arribó a su primera centuria.
Aunque hoy su lenguaje es un poco enrevesado, la memoria aún no ha dejado escapar las fechas y nombres de más relevancia para él. La sonrisa aflora en sus labios cuando menciona el nombre de sus padres y hermanos, como para demostrarle a los curiosos que todavía está lúcida su mente.
Este hombre de cien años es uno de esos que ha sido músico, poeta y loco, mejor: enfermero, artista y trabajador azucarero. Cuenta que su papá trajo el teatro a Sibanicú; sus hermanas y él formaban parte de esta compañía dedicada a brindarles arte a las familias del pueblo.
Aún no olvida los remedios para desaparecer los dolores de cabeza o las plantas que recomendaba para el padecimiento más insospechado. Tampoco abandona su mente el tiempo en el que viajó al municipio de Nuevitas para inyectar a los enfermos por la carencia de personal capacitado en ese lugar.
Pío Borrás pasó casi cincuenta años de su larga vida en el antiguo central Alfredo Álvarez Mola, primero Najasa. En el área de la centrífuga obtuvo la condición de mejor trabajador junto a un sinnúmero de condecoraciones llegadas del Consejo de Estado de la República de Cuba y de la propia Central de Trabajadores.
Hace casi siete décadas a Pío lo acompaña su esposa María Josefa González García. Ambos recuerdan con satisfacción la jornada de su luna de miel en el camagüeyano Hotel Plaza, justo el mismo día de su inauguración.
Pío no es como otros ancianos que llegan al siglo con una larga lista de descendientes. Sin embargo sus tres hijos, cuatro nietos y tres biznietos son suficientes para colmarlo de felicidad, al punto de recibir tres homenajes por su cumpleaños número cien.
Aunque no es numerosa su familia, cuenta con muchos amigos. Quizás las más jóvenes generaciones de sibanicuenses no lo conocen, pues ya su edad no está para paseos. Sin embargo, y a pesar de las limitaciones, es un privilegio para él contar con tantos años.
En el 2012 solo 10 personas del municipio alcanzaban la centuria. Orgulloso entonces Pío por sus cien años que, sin dudarlo, no han sido de soledad. (Foto: De la autora)