Camagüey, 17 nov.- Existen testimonios que trascienden la vida de sus protagonistas, especialmente cuando se trata de relatos con finales felices que iluminan la esperanza y la grandeza de salvar vidas en miniatura.
Estas son las historias de pequeños seres que conocen el mundo poco antes de alcanzar las 37 semanas de gestación. Así es como me encuentro con la profunda sensibilidad de los padres de Derek Danniel Florat Pupo, un bebé de seis meses, quien es uno de los muchos logros del equipo de Neonatología del Hospital Materno Ana Betancourt de Mora.
Desde el 3 de mayo de 2024, William Florat Cárdenas y Marliubys Pupo Sardiñas han sido testigos del incansable esfuerzo de esos héroes con batas verdes y blancas que se encuentran tras las incubadoras. Esa cuna, que acompañó a su pequeño durante un mes, fue testigo de 14 días críticos, momentos en los que las lágrimas nunca cesaron, aunque la fe y la confianza nunca los abandonaron.
Hoy este matrimonio celebra cada avance de su hijo, dejando atrás días de tristeza, pero sin olvidar a quienes les devolvieron la alegría. Regresan a ese lugar, a la vez alarmante y sobrecogedor, donde la vida se observa tras un cristal, rodeada de diminutos cuerpos que se pierden entre monitores y equipos que, en ocasiones, encienden alarmas.
Marliubys ya no es la “llorona” que solía ser; ahora es una mujer radiante, llena de buenas vibras, optimismo y una sonrisa que refleja su gratitud. Siempre está atenta a las necesidades del servicio y de los profesionales de la salud, dispuesta a aportar lo que sea necesario, ya sea una leche para una madre o transporte para quienes lo requieran.
“Fui testigo del gran amor en piel a piel, acompañado de los mejores cuidados, y de ahí nos llevamos esos consejos tan necesarios para el día a día”, compartió una madre con profunda emoción al recordar al doctor Rafael Hidalgo Morales, a quien menciona con una familiaridad que sugiere que todos lo conocen.
Los primeros días fueron un desafío, relata el padre William Florat Cárdenas, quien, aunque un poco más reservado, no pierde la oportunidad de expresar su afecto. Este sentimiento casi ahogado por la emoción y las lágrimas también es palpable en las palabras de la madre de Lauren Angelique Torres de la Paz, así como en las de Nelvys de la Paz Abalo y la neonatóloga Dianorys Nuñez Peña. Esta última, por caprichos del destino, tuvo a su pequeña Keitlyn Morales Núñez en la misma sala donde hoy se dedica a salvar vidas.
Así se entrelazan numerosas historias que reflejan las palabras del doctor Adrianyi Pacheco Martínez, jefe del servicio de Neonatología del hospital materno, quien afirma que no hay nada más gratificante para un médico que devolver la esperanza a las madres y sus familias.
Para lograrlo cuentan con un equipo que se siente como una gran familia incluyendo a los colegas de la consulta de neurodesarrollo, liderados por la Máster en Humanidades Médicas Idalmis Cabrera Ramos, junto a su equipo.
También se destaca el valioso aporte del joven Doctor Raúl Vázquez Zayas, especialista en cardiología con nueve meses de experiencia en el servicio, quien se queda motivado por el cariño que recibe de los padres cada día.
Este sentimiento es compartido por la Licenciada Nelly Hernández Denys, graduada en 1995, quien no concibe su vida sin esos bebés, a pesar de que cada jornada suele ser intensa y llena de movimiento.
Por ello, cada 17 de noviembre celebramos la alegría de ver el desarrollo de varios pequeños que pasaron días en una incubadora y hoy se encuentran en casa, en los brazos de sus madres. (Gladys Dailyn Morera Cordero/Radio Cadena Agramonte) (Fotos de la autora y cortesía de los entrevistados)
