Por Yadira Nuñez Figueredo/Radio Cadena Agramonte
En el servicio de Neonatología del Hospital Ginecobstétrico Ana Betancourt de Mora de la provincia de Camagüey no hay tiempo para el descanso. Cada segundo de labor suma latidos a la vida de los 24 recién nacidos que allí permanecen bajo estrictos protocolos de salud.
De sacrificios y entrega conoce bien la doctora Liana Rosa Pacheco García, especialista de Primer Grado en Neonatología y Pediatría, una joven que creció escuchando las experiencias de su padre, muchas de las cuales asume desde la práctica y el compromiso con la atención especializada a los pequeños de las salas de Cuidados Intensivos, Cuidados Progresivos 1, Cuidados Básicos Neonatales y de Menos de 1500 gramos:
“La especialidad en Neonatología y Pediatría es muy difícil, pero a la vez hermosa. Resulta muy gratificante ver cómo muchos de esos bebés que nacen tan pequeños, bajo peso e inmaduros logran sobrevivir, a partir de un proceder exhaustivo y minucioso. Los resultados más reconfortantes los tenemos en la sala de Menos de 1500 gramos donde recibimos a niños, fundamentalmente, prematuros o con retardo en el crecimiento intrauterino, y con el transcurso del tiempo logramos que evolucionen favorablemente y transiten por el resto de las áreas hasta finalmente recibir el alta médica”.
Los niños despiertan una motivación especial en la joven doctora Dayana Silva Leonard, residente de segundo año de la especialidad en Neonatología y Pediatría:
“Desde que en la carrera de Medicina rotamos por este servicio me sentí identificada con los cuidados intensivos porque tenemos la posibilidad de ver cómo un niño que llega en condiciones de salud muy complejas logra rebasar los riesgos de las patologías asociadas y devolverle la esperanza a una madre. Nos compromete mucho el estudio constante, en ocasiones de madrugada, porque de nosotros depende la vida de un recién nacido y hay toda una familia que espera nuestro mejor desempeño”.
Amor, pasión y sacrificio se conjugan en Yadilka Gómez Verdecia, Licenciada en Enfermería y especialista de Primer Grado en el Programa de Atención Materno Infantil. Su maestría en Atención Integral al Niño y su trayectoria como docente de esa área la inspiran a convertir cada jornada de trabajo en un sentido de vida:
“Por más de 20 años me he desempeñado en este servicio y me satisface mucho transmitirle mis experiencias a los residentes que transitan por aquí para que adquieran una preparación científica con bases más sólidas. El quehacer diario, en mi caso, comienza desde las 7:00 a.m. cuando recibimos la entrega de guardia de los pacientes y el material asistencial.
A partir de ese momento iniciamos las manipulaciones correspondientes al pesaje, la alimentación y administración de los medicamentos que indican los especialistas. Como parte de nuestro trabajo experimentamos momentos verdaderamente tristes, es muy difícil, comunicarle a una madre que un bebé falleció, porque generalmente son niños que tras el parto pueden sufrir diferentes complicaciones”.
Ashley es todavía muy pequeña, gana en peso, pero aún requiere los Cuidados Intensivos del Servicio de Neonatología. Su madre Yurisel Armas Fernández sabe que cinco días aún no son suficientes, que resta mucho por hacer para que su hija se recupere completamente:
“Mi niña nació con 36 semanas, pues presenté pérdida del líquido amniótico y fue necesaria una cesárea urgente. Desde ese momento mi bebé ha recibido una atención esmerada, tanto desde el punto de vista de salud como de su alimentación. La profesionalidad del personal médico ha permitido que evolucione favorable, y me siento profundamente agradecida por la sensibilidad de todo el equipo de trabajo”.
En el servicio de Neonatología del Hospital Ginecobstétrico Ana Betancourt de Mora de la provincia de Camagüey la vida es mucho más frágil, mientras algunos pequeños duermen, otros parecen más inquietos, hay quienes lloran, toman la leche materna o se quejan por la manipulación que exige cualquier tipo de proceder. Junto a ellos, las madres que esperan la recuperación definitiva, mientras que otras desde la distancia, también, permanecen atentas.
Entre historias clínicas ahí están los especialistas y enfermeras estudiando rigurosamente cada caso. El silencio invade por un momento las salas, luego se escucha otra vez el llanto de uno de los recién nacidos. Hay 24 corazones latiendo y eso indica que hay esperanzas y voluntad de hacer mucho más a favor de la salud. (Fotos de la autora)
