Unión Europea, 21 mar.- El portaaviones USS Gerald Ford, uno de los buques insignia del despliegue militar estadounidense en Oriente Medio, ha puesto rumbo a la base naval de Souda, en la isla griega de Creta, después de sufrir daños significativos en un incendio y evidenciar el agotamiento extremo de su tripulación tras casi un año ininterrumpido en alta mar.
El siniestro, registrado el pasado 12 de marzo, se originó en la lavandería del navío y consumió numerosas camas del personal. Aunque el Pentágono aseguró que no hubo un ataque detrás del fuego, The New York Times reveló que las llamas se prolongaron durante treinta horas y afectaron los compartimentos de descanso de la tripulación, dejando dos marineros heridos y decenas afectados por inhalación de humo.
Desde entonces, más de 600 marineros y soldados se han visto obligados a dormir en el suelo o sobre mesas improvisadas como camastros, mientras que el servicio de lavandería permanece interrumpido.
La situación se suma a un problema recurrente desde que el buque zarpó hace diez meses: los constantes atascos en los inodoros. La nave cuenta con 650 aseos, muchos de ellos inutilizados, lo que obliga a largas filas para usar los pocos que aún funcionan.
El USS Gerald Ford acumula diez meses de despliegue ininterrumpido. Movilizado inicialmente en el Mediterráneo, ha enlazado otras dos misiones sin pausa desde el final del verano: el cerco a Venezuela y la protección del territorio israelí frente a los misiles lanzados desde Irán. La tripulación, compuesta por 4.500 marineros y pilotos, no ha tenido ocasión de pisar tierra ni tomar un descanso.
En la Armada estadounidense, superar los seis meses de actividad continua en tiempos de paz es inusual, tanto por los efectos anímicos sobre la tropa como por el desgaste del propio navío.
Incluso el Departamento de Defensa admite que un servicio intenso y prolongado puede afectar el rendimiento del buque. La situación actual ha llevado a medios como The Telegraph y The New York Times a destacar la baja moral a bordo.
El USS Abraham Lincoln ostenta el récord de despliegue más prolongado en la historia reciente de la Armada: 294 días en 2020, una marca no alcanzada desde la guerra de Vietnam. Si el USS Gerald Ford mantiene su servicio hasta mayo, como indican sus órdenes, podría superar ese techo.
Ninguno de los 4 500 marineros ha regresado a sus hogares desde la primavera de 2025. Algunos no han podido asistir a funerales de familiares ni al nacimiento de sus hijos. Durante meses, permanecieron incomunicados con el exterior debido a las medidas de prevención en situación de alerta, a lo que se suma la tensión de un patrullaje permanente y las frecuentes alarmas por el lanzamiento de misiles o drones desde Irán.
El vicepresidente del Comité de Inteligencia del Senado, Mark Warner, se refirió a la situación del portaaviones en un comunicado reciente
“El Ford y su tripulación han sido llevados al límite tras casi un año en el mar, y están pagando las consecuencias de las imprudentes decisiones militares del presidente Donald Trump”, señaló.
La Armada estadounidense ha respondido a las críticas destacando el “compromiso con la misión” y el papel del grupo de ataque como uno de los principales baluartes de la ofensiva contra Irán. El USS Gerald Ford, cuyo coste asciende a 13 000 millones de dólares, ha participado en misiones ofensivas contra el régimen persa y anteriormente desempeñó un rol clave en la operación que permitió el arresto del líder venezolano Nicolás Maduro.
Tras recibir la orden de retirarse, el portaaviones se dirige ahora a la base de Souda, en Creta, la única instalación en la región con capacidad para recibir a este buque de propulsión nuclear. Washington prevé enviar al portaaviones George W. Bush para relevarlo en la zona de conflicto. (Texto y Foto: Cubadebate)
