A la hora de la verdad

Por Elianis Cutiño López/Radio Cadena Agramonte

Las manos, sudadas y temblorosas reciben y, a la vez, distribuyen libretas con el resultado del desvelo de meses, libros portadores del conocimiento necesario o los más estrujados papeles repletos de fórmulas, ecuaciones y logaritmos.

En esos momentos, el más humano desearía robotizarse, eso sí, con entrada USB a la cual conectar la memoria flash con todo el conocimiento necesario para enfrentarse a cualquier escenario posible; la inseguridad revolotea por los pasillos para apoderarse de las conciencias más tranquilas y hacerlas dudar, sobre si en la escala de centímetro a decímetro se multiplica o se divide por 10.

Los profes parecen de pronto ser unos más de los “condenados”, pues en sus ojos se adivinan los desvelos por esos muchachos “indisciplinados, malcriados y habladores” pero, al fin y al cabo, merecedores de las dipironas a las que acudieron frecuentemente.

El tan esperado timbre del receso se vuelve ahora el peor enemigo de los estómagos débiles de voluntad, y suena hoy más penetrante que nunca, indicando que ya es hora de comenzar.

El paso es lento, pero aplastante; la compacta masa estudiantil poco a poco se dispersa hacia las aulas o, mejor dicho, hacia los locales donde se decidirá el futuro de cada uno.

Silencio, descontrol, oraciones, pero, sobre todo, emoción inundan el espacio, cuando en la temida hoja blanca no viene más que lo estudiado durante meses.

Entonces las sonrisas se dibujan discretas, el mundo alrededor desaparece y toda la atención se centra en el examen de ingreso a la Educación Superior, porque los estudiantes tienen la convicción de que este es uno de esos momentos definitorios de sus vidas y no lo dejarán escapar. (Foto: Archivo)

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