Por Elianis Cutiño López/ Radio Cadena Agramonte.
Una escena lamentable nos acompaña hace un algún tiempo: cientos de personas, sobre todo mujeres, bailan al ritmo de canciones ofensivas y discriminantes para ellas mismas.
Un sinnúmero de temas y videos musicales contribuyen a marcar un estilo bien definido que pondera entre sus rasgos más significativos, la utilización de mujeres como objetos sexuales o simples figuras decorativas.
Este fenómeno es representativo de la carencia de creatividad que socava a un nutrido número de autores y realizadores audiovisuales y los hace conformarse con fórmulas ya desgastadas pero que, sorprendentemente, gozan de popularidad.
No podemos afirmar que el ritmo acompañante de muchos de esos temas colmados de incoherencias no es pegajoso, pero una vez que el fervor del baile queda a un lado, salen a la luz las crecientes provocaciones a la violencia y a la desvalorización de las cualidades femeninas.
¿Cuándo fue que se volvieron disfrutables las malas palabras y los insultos a las mujeres?
La complejidad de este tema pasa por la excesiva publicidad que se le da por medios particulares y estatales a productos culturales de baja calidad.
El constante bombardeo banal ha hecho olvidar a las mujeres cuán difícil es componer insinuaciones de buen gusto; quizás muchas ni siquiera conozcan las deliciosas incertidumbres que provoca el doble sentido y se conformen con solapadas humillaciones.
Sin dudas, desterrar la pereza creativa que nos golpea, es uno de los más inmediatos pendientes culturales. Tenemos el deber de entregarle a la nueva generación canciones que desaten pasiones, que sean capaces de conmover, de enamorar, de enseñar lo bello, lo valioso, lo interesante.
No nos apresuremos a saltar ante el sonido de cualquier ritmo de moda sin analizar antes el mensaje escondido tras cada canción. Nuestro panorama musical es muy rico, lleno de sonoridades más completas que realzan el respeto y el decoro a la mujer. (Foto: Archivo)
