Editorial
¡Quien intente apoderarse de Cuba o minar la confianza de su pueblo en un futuro de libertad e independencia, con todos y para el bien de todos, solo recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre si no perece en el intento!
Con esa firme convicción, los más de 11 millones de cubanos, herederos de la obra y el pensamiento de Fidel Castro, enfrentaremos la nueva coyuntura energética que por el recrudecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos atraviesa este pueblo enérgico, hospitalario y heroico siempre.
A un único plan obedece el enemigo que nos acecha: el de doblegarnos, dividirnos, vencernos. A otro plan nos aferramos nosotros: el de unirnos, resistir y levantarnos en defensa de la Revolución y nuestro Socialismo.
Como alertara el Apóstol de la independencia cubana: “el deber es mucho. El peligro es grande. Es hábil el provocador. Son tenaces, y vigilan y dividen”. Nos corresponde, entonces, vigilar también nosotros, y demostrar al mundo una vez más que no entendemos de amenazas, ni odios, y que nuestra soberanía es una decisión libre y voluntaria.
Por eso, con total confianza, frente al anuncio de un grupo de medidas extraordinarias para disminuir el impacto del déficit de diésel provocado por el cerco de la Casa Blanca, el presidente Miguel Díaz-Canel nos convocó a pensar como país, a potenciar la creatividad y a trabajar con valentía, a explotar todas las oportunidades posibles para seguir adelante sin concesiones de principios, con el protagonismo de un pueblo que fue capaz de superar los momentos más crudos del Periodo Especial luego de la caída del campo socialista en la década de los 90 del pasado siglo.
Jamás dejaremos espacio al desánimo ni a la desconfianza. Todo lo contrario: por estos días deben acompañarnos con más vehemencia la solidaridad, el patriotismo, el espíritu de lucha y de sacrificio de los mambises, de los héroes y mártires del Moncada, de la Sierra y de Playa Girón, junto al optimismo y la alegría de saber que la verdad y la razón están, y estarán siempre, de nuestro lado.
Sin duda alguna, la ceguera imperialista y el egoísmo de la nueva administración estadounidense, mal asesorada y poco inteligente en su política hacia Cuba, ignoran la capacidad de nuestro pueblo de sobreponerse a las dificultades.
Al presidente Donald Trump y a su camarilla de sabuesos trasnochados, les decimos alto y claro: ¡Nada ni nadie nos obligará a renunciar a uno solo de los sueños conquistados hasta el presente, y hagan lo que hagan, jamás nos pondremos de rodillas!
Bajo la mirada firme de Martí y Fidel como su mejor discípulo, con Raúl y Díaz-Canel encabezando las nuevas batallas, nos mantendremos de pie ante la infamia imperialista, y cada día renovaremos el juramento de Antonio Maceo y de Juan Almeida: ¡No, no nos entendemos! ¡Aquí no se rinde nadie c…! (Tomado de Radio Florida) (Foto: Archivo)
