Camagüey desde su cotidianidad

Por Yamylé Fernández Rodríguez/Radio Cadena Agramonte.

Hoy Camagüey -mi ciudad adoptiva- amaneció como de costumbre: el ir y venir de la gente apresurada de camino para el trabajo; los padres con sus hijos de mano para la escuela o el círculo infantil y los estudiantes -mochila al hombro- para sus escuelas.

Ese es el panorama con el que normalmente me tropiezo cuando también salgo para Radio Cadena Agramonte sobre las 7 y 30 de la mañana y lo cierto es que, aunque tal vez me resulte un poco rutinario, no quisiera cambiarlo por otras realidades bien distantes.

Ahora mismo aquí los niños en edad escolar y los jóvenes preparan homenajes, fiestas e intercambios con motivo del cercano 4 de abril, fecha en la que se celebrarán 52 años de la Unión de Jóvenes Comunistas y 53 de la Organización de Pioneros José Martí, emblemáticas organizaciones que a lo largo de más de medio siglo se han ratificado como principales canteras de la Revolución.

En céntricas calles de la ciudad como República –populosa vía peatonal en la ciudad de Camagüey- la gente recorre tranquila las cafeterías, los numerosos puntos de venta rentados por trabajadores por cuenta propia y las tiendas  estatales tanto en moneda nacional como en moneda libremente convertible con horario de apertura al público fijado sobre las nueve de la mañana.

¿Los mercados? Pues llenos de gente ya sea mirando o comprando. De personas haciendo cola para adquirir viandas, huevos, galletas u otro tipo de alimento, mientras que en los policlínicos y hospitales un constante ir y venir de pacientes, médicos y  enfermeras imprime el sello a otra jornada de labor y de vida.

Los vendedores particulares también imprimen un sello con sus pregones de ¡El pan, calentito y suave!, ¡ambientador!, ¡flores! o ¡el ajo, la cebolla, la lechuga, el ajííí!

Más o menos esta es la panorámica con la amanezco cada día en una ciudad que ya “peina” 500 años con el orgullo de lucir una visible renovación y el don de continuar “embrujando” a visitantes y lugareños.

Una cotidianidad que ciertamente no es perfecta y que intenta actualizarse económica y socialmente con concurso de la mayoría y que -no porque me parezca repetida- desearía cambiar por ninguna otra. (Foto: Pedro Paneque Ruiz)

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