Camagüey en el corazón

Por Leydiana Leyva Romero y Elianis Cutiño López/ Radio Cadena Agramonte.

La mochila al hombro fue, durante cinco años, una indumentaria habitual y nunca quedó en ella ningún espacio vacío, pues como estudiantes universitarias fuera de su provincia natal, siempre colamos en ella un poco de la tierra que nos recibió con los brazos abiertos.

Cuando venimos del Balcón del Oriente, traemos algo de paciencia, de “cantao oriental”, de romanticismo pintado de ingenuidad, de nobleza y de orgullo por una ciudad que siempre se muestra coqueta ante sus pobladores.

Y cuando regresamos, el tinajón que llevamos dentro nos delata. En Camagüey hemos tocado las raíces del arte en cada calle; cada piedra tiene una historia que contar, y una menos en nuestro andar es un siglo de Historia perdido. Los que saben apreciar esa belleza han escuchado la sinfonía que se crea con la mezcla de la rumba, la arquitectura, los adoquines y la gente.

Nos cautiva la simbiosis perfecta que hay entre lo nuevo y lo viejo, la creatividad que asalta las paredes más comunes para convertirlas en obras de arte, y cómo las iglesias persuaden a los ateos a creer en el poder de la belleza de esas vetustas edificaciones.

Nadie como los agramontinos puede defender mejor a su tierra, a veces discutimos por esa cara de pícaros que muestran cuando dicen que “como Camagüey no hay otra ciudad”.

Lo cierto es que en cinco años hemos aprendido a querer a esta tierra tanto como lo hacen los camagüeyanos, esa es la mayor virtud de su gente; al fin y al cabo esta ciudad no necesita del agua de los tinajones para enamorar, pues ella por sí sola se convierte en amante de todo aquel que la descubre. (Fotos: Archivo) (Collage: Redacción Digital RCA)

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