Por Mariela Peña Seguí/Radio Cadena Provincial.
… Puedo ir y venir, mas aquí vuelvo. Esta es mi ciudad. No quiero otra, y sé que ella también, como una madre, me abre sus brazos tiernos. Esta es mi ciudad, no quiero otra para vivir y morir, y si ha de ser, y si pudiera, para volver a nacer…
Las calles de la ciudad de Camagüey, en el centro de Cuba, tienen un trazado irregular y complejo, conocido como de “plato roto”, por lo enrevesado que resulta. Ahora, las labores constructivas auspiciadas por la Oficina del Historiador de esta ciudad, próxima a cumplir 500 años de existencia, las hacen lucir en un constante ajetreo que deberá culminar muy pronto, en ocasión del cumpleaños de la legendaria urbe.
Se trata de un programa de medio millar de obras para celebrar el medio milenio de la fundación de la antigua Villa de Santa María del Puerto del Príncipe, una de las siete primeras fundadas por los colonizadores españoles.
Un programa que ha hecho cambiar la rutina diaria de los lugareños, y que los ha obligado a adoptar nuevos modos de vida con las incomodidades propias de las jornadas constructivas.
Las obras toman auge, y ello redundará en la conservación de la ciudad y en la preservación de sus valores históricos, arquitectónicos y patrimoniales.
“Ciudad 500” es el nombre de este programa de obras constructivas que implica, además, acciones de comunicación dirigidas a informar y lograr la participación de diferentes públicos.
Ciudad 500 es desde hace algunos meses una realidad en marcha, en cuyo diseño y ejecución participan múltiples entidades.
Pero, sin dudas, su éxito y futura trascendencia dependerán del más importante de todos los factores de la ciudad: los propios citadinos.
La ciudad de Camagüey se empeña en revivir de los siglos, y sus artífices en lograr la armonía necesaria entre el pasado y el presente.
Pero no habrá armonía sin que ello sea una decisión de todos los que la aman.
Las principales calles del segmento de la ciudad declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, en julio de 2008, lucen hoy como hervideros de constructores, pintores, albañiles… todos reconstruyendo los 500 años de una ciudad marcada por el tiempo.
Sobre sus hombros está la responsabilidad de reconstruir.
