Por Yolanda Ferrera Sosa/ Colaboradora de Radio Cadena Agramonte.
El concepto de Patria se materializa en tres representaciones básicas: el escudo, la bandera y el himno de cada localidad. Ellos constituyen símbolos y compendian elementos de relevancia para la comunidad que los erige. Cuba, como todas las naciones del orbe, posee sus emblemas patrios.
Más de un siglo separa a las actuales generaciones de cubanos del surgimiento de aquellos que encarnan el heroísmo sin paralelo de la lucha de nuestro pueblo. Este 20 de octubre, Cuba en pleno celebra un aniversario significativo, relacionado con los 146 años de la primera vez en que fueron entonadas las notas del Himno Nacional.
Nuestro himno nació durante la noche del 13 al 14 de agosto de 1867, en Bayamo. Inicialmente se le denominó La Bayamesa; después sería nuestro máximo canto emblemático, marcha guerrera paradigmática. En esa ocasión, en la casa de Perucho Figueredo, un grupo de disidentes acordaron crear el canto para aquel movimiento independentista que se gestaba. La tarea fue encomendada al propio Perucho quien compuso la letra del canto. Este quedó armonizado e instrumentado por el humilde director de orquesta Manuel Muñoz Cedeño, otro bayamés.
Originalmente tenía seis estrofas, de las cuales solo se entonan actualmente dos. Las restantes corresponden a la etapa que en se combatía al colonialismo ibérico. Se supone que la documentación relacionada con el surgimiento del Canto Nacional se perdió entre las montañas de cenizas a que quedó reducida Bayamo, cuando sus habitantes –aquel 20 de octubre, en gesto incomparable-, prefirieron ver arder a su comarca, antes de entregarla al ejército de la Metrópoli.
En homenaje al suceso, el 20 de octubre fue declarado Día de la Cultura Cubana, por el Decreto Ley No. 74 del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros, del 22 de agosto de 1980.
El Camagüey precursor
La Historia recoge que mucho antes de aquel gesto liberador en Bayamo, en la villa de Santa María del Puerto del Príncipe -actual capital agramontina- las ansias de independencia contra el dominio español se manifestaban de muy diferentes maneras.
En esta localidad los primeros gritos de rebeldía se escucharon en 1822, acción reprimida en la Plaza de Santa Ana por un batallón al servicio de los absolutistas reaccionarios. El 16 de marzo de 1826 fue fusilado Francisco (Frasquito) Agüero Velázquez, quien había desembarcado por el sur del territorio para llevar adelante actividades conspirativas. De esa manera, continuaron estas manifestaciones de indocilidad, incrementadas más aún con la constitución en 1849 de la Sociedad Libertadora de Puerto Príncipe.
El 4 de julio de 1851-mucho antes que Céspedes en La Demajagua-, el también rico hacendado y abogado camagüeyano Joaquín de Agüero y Agüero se alzó en armas contra el oprobio peninsular, en su finca San Francisco de Jucaral. Comandaba una pequeña fuerza de 44 hombres montados y armados, ante quienes pronunció una encendida arenga. Esa noche dictó a su secretario, Adolfo Pierra, el Acta de Independencia de Cuba, firmada por todos sus seguidores.
El primer combate campal en la Isla entre cubanos y españoles ocurrió poco después, en la finca San Carlos. Y fue Francisco de Agüero y Agüero -al frente de la exigua tropa- su protagonista, no reconocido como bien se debiera.
Apresados como consecuencia de una delación, Agüero -en unión de Fernando de Zayas, Miguel Benavides y Tomás Betancourt- fueron fusilados en la Sabana de Méndez, donde hoy se erige la plaza que lleva el nombre del primero del líder de esos patricios. Otra prueba de la sedición lugareña se manifestó en el envenenamiento del verdugo que debía aplicar la sentencia de “muerte por garrote vil” del Consejo de Guerra. A la sazón, Ignacio Agramonte y Loynaz tenía sólo 9 años de edad.
Legado y herencia
De tales raíces históricas, arranca el macizo agramontino, enriquecido no solo por la valentía de sus hijos, sino también por el reconocido talento en todas las manifestaciones del arte.
La Jornada por el Día de la Cultura Cubana tiene en el legendario territorio motivos más que suficientes para resaltar su aporte al patrimonio de la nación, imposible de compendiar en pocas páginas.
Baste señalar su carácter de Cuna de la Literatura en la Isla, a partir del poema épico “Espejo de Paciencia”, de Silvestre de Balboa; con la inmensa Gertrudis Gómez de Avellaneda en calidad de voz femenina más preponderante en las letras de Hispanoamérica durante el siglo XIX, y con Nicolás Guillén Batista, en su carácter de Poeta Nacional.
No existe un apartado del ámbito artístico que no tenga en el Camagüey a un buen exponente. Obras como las del pintor Fidelio Ponce de León; como las de la pedagoga Vicentina de la Torre en la enseñanza del ballet y fundadora de la compañía agramontina; como las de Gustavo Sed Nieves, en la investigación histórica; como las de Jorge Luis Betancourt, en la forja de proyectos tan ambiciosos como la de una Orquesta Sinfónica, consumado y enriquecido…
Extensísimo es el listado de quienes se ofrecieron y se ofrecen generosos a enaltecer la Cultura lugareña y nacional. Esta jornada les honra, como loa exquisita a un pasado que enriquece la contemporaneidad… que la apoya y aúpa desde ejemplares muestras de patriotismo y capacidad creadora.
