Castigados toda una vida

Por Rolando Pérez Betancourt/ Tomado de Granma.

“Por portarnos mal” nos siguen castigando. Dicen ahora que debido al apoyo (no ayuda solidaria) al régimen de Nicolás Maduro.

Pero los castigos vienen desde mucho antes y la raíz del dilema salta como un conejo hambriento en pos de un sembrado de zanahoria, haciéndonos recordar viejas ambiciones y prepotencias, amparadas en el cuento de que, por ser ellos “los mejores”, están capacitados para agitar el látigo en cualquier lugar del mundo gracias a su poderío militar y económico, los mismos poderíos que, en su tiempo hicieron retumbar trompetas en el imperio romano.

Cierto que nominalmente no tienen un emperador, pero el que está, con su actuar de megalomanías y torpezas, hace recordarlos. Y, junto a él, los adláteres de bajas pasiones arremolinando contenturas, aplaudiendo, pidiendo en coro barriotero: “¡siga castigando pa´ que aprendan!”.

En estos días de exámenes para entrar a la Universidad le he estado repasando Historia a mi hija y, con la mayor objetividad del mundo, “los castigadores” de siempre han salido a relucir.

Frente a los ojos de Olivia desfilaron los días de la Doctrina Monroe, las artimañas vinculadas a nuestra Guerra de Independencia, las injerencias y sobornos a una República perfilada a medias, las conspiraciones de Washington estando Fidel ya en La Sierra y todo lo que vino después, desde la supresión de la cuota azucarera, ataques terroristas, invasiones, atentados, asesinatos, maniobras económicas para ahogarnos, y así una extensa lista hasta nuestros días, difícil de olvidar por las marcas dejadas cada mes, cada año.

–Nos han estado castigando toda una vida– me dijo Olivia como si rumiara los momentos del aguijonazo, segundos antes de partir al examen.

Y ya trasponiendo la puerta, un dictamen final que ahora mismo me grita en los dedos, ante el teclado, y que por su contundencia semántica solo me permite hacer una invitación a imaginarlo. (Imagen: Archivo)

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