Che para todos los tiempos

Por Dayana Cardona González/ Radio Cadena Agramonte.

Ernesto Guevara de la Serna fue siempre un niño de espíritu aventurero, que disfrutaba desafiar las convenciones sociales de la época que le tocó vivir.

En la formación de su carácter y de su intelecto fue determinante su infancia, cuando aquejado por las frecuentes crisis de asma, se veía obligado a quedarse refugiado en la complicidad de una lectura; pasión que le acompañó, incluso en sus días de guerrillero en la Sierra Maestra.

Su enfermedad lo convirtió en un extraordinario lector, un gran aficionado al Ajedrez; además, generó en él un fuerte espíritu de disciplina y autocontrol.

Aun siendo estudiante de la carrera de Medicina en la Universidad de Buenos Aires, realizó un histórico recorrido en motocicleta por varios países latinoamericanos junto a su amigo Alberto Granados, aventura que le despertó profundos valores humanos y sentimientos por nuestras raíces.

Sus viajes por el continente americano sirvieron para que este joven de profunda conciencia revolucionaria conociera la situación en que vivían los oprimidos, sucesos que despertaron aún más su interés por el cambio social y las causas justas.

Convencido de que una revolución era la única solución posible para acabar con las penurias de Latinoamérica, en 1954 marcha a México, donde se une al movimiento integrado por los cubanos seguidores de la ideología de Fidel Castro. Ahí ganó el sobrenombre del Che, debido a su estilo al hablar.

Bajo las órdenes de Fidel se enlistó como médico de la expedición del Yate Granma, que llevaba a un grupo de guerrilleros a luchar contra el régimen de Fulgencio Batista en Cuba. Al ser sorprendidos en tierra, los guerrilleros se internaron en la inhóspita Sierra Maestra.

Sus indiscutibles habilidades de liderazgo lo convirtieron en Comandante. Fue tenaz y certero, jamás aceptó ningún tipo de privilegio, ya fuera cuando se le intentaba cuidar de su asma, o por su rango en la jerarquía militar del Ejército Rebelde.

Al día siguiente del triunfo del 1ro de enero de 1959, el Che recibió la ciudadanía cubana, franco gesto de solidaridad por su entrega desmedida y confianza en la Revolución.

El Che no solo fue un latinoamericano vehemente, sino un hombre excepcional.  Por su apariencia romántica y revolucionaria se ha convertido en un ícono para los jóvenes de todo el mundo.

Los cubanos le recordamos tal como fue. Así de justo y cierto, revolucionario sin tacha y sin miedo, intransigente con lo mal hecho, fiel a los principios de lucha por la autodeterminación de los pueblos. (Foto: Archivo)

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