Con los héroes de batas blancas Camagüey siempre podrá contar

Por Gelsy Rivero Rodríguez/Radio Cadena Agramonte.
EL 2021 se despide. Muchos han sido los retos y desvelos por sostener e impulsar una provincia como Camagüey que tuvo en el enfrentamiento a la COVID-19 su principal desafío, pero más los esfuerzos y la dedicación de su pueblo por resistir y vencer a la pandemia, al bloqueo, a la subversión y a la ineficiencia.

Garantizar el control del SARS-CoV-2 con una asistencia médica de calidad, desde la pesquisa activa en los barrios hasta la atención secundaria con los servicios especializados, que era decir salvarle la vida a su gente, supuso una meta sin precedentes para el personal de la Salud Pública en este territorio.

Las circunstancias impusieron un crecimiento individual, espiritual y profesional sin límites que obligó a desdoblarse en múltiples funciones, afines o no a la formación o el desempeño de cada quien; reorganizar sistemas de trabajo e implementar alternativas, muchas veces basadas en la improvisación, para responder coherentemente a las necesidades del momento.

Camagüey cuenta hoy con valerosas historias de incontables protagonistas que hablan de un año difícil, pero satisfactorio, aunque siempre quede el deseo de mejores resultados.

Un año en el cual el alza de casos obligó a innovar y a actuar sin chance a titubeos, en el que los hospitales se reinventaron y se reajustaron los policlínicos; los hoteles, las bases de campismo y los internados se volvieron centros de aislamiento y vimos escuelas y círculos infantiles convertidos en vacunatorios en una campaña por la vida.

En la provincia se logró inmunizar a más del 84 por ciento de la población con la vacuna Abdala y hasta los pequeños a partir de los dos años de edad quedaron soberanamente protegidos.

Entra aquí una de las páginas imprescindibles de este año, cuando Camagüey acogió el ensayo clínico Ismaelillo para estudiar los candidatos vacunales en los niños, y gracias a la encomiable labor de nuestros investigadores, la colaboración de los científicos y el apoyo de varias familias agramontinas se pudo avanzar con la inmunización en edades pediátricas.

Tanto dentro como fuera del territorio los trabajadores del sector demostraron cuánto están dispuestos a sacrificar por la salud del pueblo. A riesgo de también enfermar lejos de sus seres queridos y de sus comodidades siempre pusieron por delante el deber y supieron teñir de rojo sus jornadas en zonas donde marcaron la diferencia entre la vida y la muerte de sus coterráneos.

Por eso, aun cuando nos queden insatisfacciones, cuando al hacer recuentos descubramos que quizás en algún punto se pudo obrar mejor, siempre será mayor el agradecimiento y la confianza. Su dedicación, su altruismo, su responsabilidad para con los demás serán siempre fuente de admiración, gratitud y respeto.

Bien sabía Fidel que ese “ejército de batas blancas” no le fallaría jamás a su pueblo. (Foto: ACN)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *