Apenas asoma el sol y el cubano ya está en la calle. Comienza un nuevo día y la rutina se adelanta a los pendientes por realizar. El reloj señala las 7:00 de la mañana, las calles se llenan de trabajadores, estudiantes universitarios y niños que se dirigen a sus escuelas. Las paradas de autobús se abarrotan y la guagua, que quizás ni siquiera llegue, se convierte en la protagonista del momento.
Así inicia la jornada, monótona para muchos, habitual para otros, pero la vida diaria comparte con todos los rasgos más identificativos de la acción que representa diariamente a los hombres y mujeres de Cuba.
La palabra “cotidianidad” proviene del término “cotidiano”, que a su vez deriva del latín “quotidianus”, y significa “diario” o “que se repite cada día”. Por lo tanto, este término se refiere a las actividades, situaciones y experiencias que son parte de la vida diaria de las personas.
Los nacidos en esta isla siempre se han distinguido por ser gente del pueblo, personas humildes que, desde la educación recibida en casa, se dedican a realizar buenas acciones, guiadas por las normas y hábitos de cortesía. Sin embargo, la realidad actual es muy distinta; caminar por las calles se ha convertido en toda una lucha.
No hay nada mejor que despertarse con un “buenos días”, pero hoy en día es normal su ausencia. También es frecuente que en el ómnibus los hombres se sienten mientras las mujeres, embarazadas o con niños, permanezcan de pie. Las personas ya no piden permiso, simplemente se abren paso en medio de una conversación, y ni hablar de los transportistas, choferes de camiones, autos, coches o cualquier otro medio de transporte, que pasan de largo y evitan la mirada para no ofrecer un aventón, o cobran precios exorbitantes, sin importar si eres anciano, pionero, universitario, trabajador o quien sea. Sin embargo, si ven a una joven sola, bien vestida y atractiva, el chofer no duda en frenar, con tal de ganarse su favor. ¿Dónde quedaron entonces los valores y el respeto?
La sociedad cubana actual ha perdido el sentido de pertenencia y la empatía, y esto es algo generalizado; ni siquiera las personas mayores están exentas. Aunque para ellos “la juventud está perdida”, es común verlos faltar al respeto e incluso aprovecharse de su edad, condición y discapacidad para obtener ventajas en distintos contextos. Y lo peor es que cada queja suele venir acompañada de una mala respuesta o insulto, como si se hubieran agotado las cuotas de “gracias”, “perdón”, “permiso” y “por favor”.
Sobre la juventud y la adolescencia se ha hablado mucho, pero la toma de conciencia sigue siendo nula. Por el contrario, con el paso del tiempo, se hace más evidente el retroceso en la forma de pensar de los niños, adolescentes y jóvenes. En este aspecto influyen las nuevas tendencias, el lenguaje de la música que escuchan y las tribus sociales a las que pertenecen, por lo que no es raro verlos fumar o consumir bebidas alcohólicas desde los 12 años.
Tomar conciencia de tales problemáticas es una necesidad urgente para la población. Es cierto que la situación actual afecta a todos, pero no es coherente justificar las malas acciones. La cubanía siempre se ha caracterizado por mostrar la idiosincrasia y la capacidad de resiliencia como rasgos inherentes del pueblo. Por tanto, si se utiliza la crítica para denunciar los problemas económicos que atraviesa el país, ¿por qué no emplearla también para reivindicar a la sociedad en pos de fomentar valores e inducir la realización de buenas acciones en todos los sectores sociales?
La cotidianidad no puede seguir sufriendo este deterioro social; es urgente retomar el camino correcto, aquel que emana de la cultura de un pueblo, del uso de la empatía y la sensibilización con el prójimo. (Alexis Peña Hernández/Radio Cadena Agramonte) (Foto: Tomada de Internet)
