Por Edel Blanco Duarte/ Radio Cadena Agramonte.
El ruido perturba y exaspera. A diario somos testigos de cómo en nuestras ciudades proliferan las personas que, conscientemente, gritan por cualquier motivo, de los vendedores con sus silbatos y autoparlantes, del sonar excesivo de los claxon en áreas urbanas y la música alta que ameniza fiestas públicas y particulares.
Lo peor del caso es que nos sentimos impotentes ante un fenómeno tan extendido, pero que sobrepasa los límites.
De hecho, fuentes de la Organización Mundial de la Salud (OMS) aseguran que un alto por ciento de la población que vive en centros urbanos sufre de un impacto acústico muy superior a lo permisible.
Pareciera que las personas ignoran el asunto, o se niegan a darle credibilidad al hecho real de que la contaminación sonora causa estrés, sordera, insomnio, daños medioambientales, incremento de accidentes, e incluso, impotencia sexual.
¿Qué hacer entonces?
Con el objetivo de regular esta problemática, Cuba cuenta con medidas jurídicas para garantizar un entorno sano. Y aunque el tema se torna recurrente hoy en los medios de comunicación, son pocos los que recurren a ella, y sí muchos quienes la violentan. Es tiempo, entonces, de ser más severos en su aplicación; desde quienes convivimos con el ruido de otros, hasta a quienes corresponde en materia legal. (Foto: Archivo)
