Crónica de un aguacero anunciado

Por Fidel Alejandro Manzanares Fernández/ Radio Cadena Agramonte

Dicen que la primavera es la estación del año más espléndida, etapa en la cual el otoño encuentra su antónimo. Pero existe un factor determinante para que los seres humanos -al menos los habitantes del hemisferio boreal- prefiramos los amaneceres de finales de marzo hasta junio: la lluvia.

Este tipo de precipitación, funciona como un “clon” de Cupido para casos especiales, un enviado de la naturaleza con múltiples beneficios, además de ser un agitador de la clorofila y la fotosíntesis en las plantas.

Se trata de un proceso caracterizado  por el ascenso o subida del aire húmedo, que al llegar a la atmósfera no puede retener el exceso de su vapor de agua  y al bajar la temperatura, una parte se condensa y cae con la fisonomía de lo que conocemos como aguacero.

Por estos días los cubanos quedamos atrapados en disímiles lugares a causa de los persistentes chubascos. Algunos por momentos los maldicen cuando interrumpen sus planes, mientras otros bendicen la llegada.

El parte meteorológico está de moda en la audiencia de radio y televisión en todo el territorio nacional, al tiempo que las sombrillas y capas ocupan un lugar privilegiado en la agenda del día.

Los principales embalses del país lucen sus mejores galas; y quedan atrás aquellos espantosos días de la sequía del período  2004-2005, en Cuba.
Nada de inundaciones o desastres; la población de la isla caribeña se moja con agrado, pues el aprovechamiento del agua caída del cielo se ha reproducido en toda esta semana.

Así, se asegura el suministro del preciado líquido a la población, disminuye el índice de partículas contaminantes en el aire, se conservan los cultivos y se facilita  la generación de energía eléctrica.

Mucho se especula acerca de los motivos de las futuras guerras. El dominio por el control del agua se yergue como el principal detonante. Si semejante desgracia ocurriese esta semana, a nosotros, quienes habitamos esta hermosa Isla, poco nos preocuparía, pues sufriríamos un agradable estado de enajenación acuoso.

La vida nos sonríe por estos días entre relámpagos, charcos y cielo encapotado. La lluvia produce una sensación de paz, tranquilidad. Asimismo, el suelo disfruta de su mejor abono, y los resultados de la cosecha no tardarán en llegar a la mesa.

Tal vez hoy vuelva a disfrutar de esa enorme fortuna de ver un chaparrón brotar de las nubes. Ya lo espero ansioso…como una especie de crónica de un aguacero anunciado.
 

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